C.E.

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lunes, 25 de enero de 2010

REFLEXIONES SOBRE EL ORGULLO

Nos dedicaremos en este artículo, al análisis del concepto de orgullo entendido, según el diccionario, como "opinión demasiado buena que tiene uno de sí mismo (Sinónimo: Altivez, arrogancia, soberbia, ostentación...).

Podemos decir que en el ser humano se manifiesta el orgullo cuando hay una excesiva valoración de sí mismo, cuando la autoestima es muy alta y se magnifica la apreciación de los propios actos, las conquistas, o bien la capacidad para realizar o resolver cualquier acción.

En el complejo entramado de la personalidad humana, este sentimiento puede presentar muchas facetas que demuestran aspectos diferentes y hasta opuestos entre sí, pero que surgen nutridos del mismo estado de orgullo.

Presentado como un sentimiento negativo que dificulta las relaciones armoniosas y afectuosas, este estado puede manifestarse en gamas muy diferentes: -complejo de inferioridad, exaltación del Yo, disminución de las condiciones emocionales, incapacidad para comprender en profundidad a los semejantes, limitación del amor.

Al complejo de inferioridad podemos ubicarlo como manifestación de cierta timidez que nos lleva a no querer asumir ciertos compromisos o deberes, pensando en que no se tiene suficiente capacidad, movidos por un sentimiento de temor, de no querer arriesgar, de no querer destacarse, resaltar sobre los demás.

Esta timidez o temor a equivocarse nos lleva muchas veces a inhibirnos de realizar ciertas actividades que nos gratificarían, pero por temor a lo que nosotros creemos que puede ser ridículo, nos limitamos, nos frenamos y reprimimos.

No nos permitimos la posibilidad del error, preferimos la pasividad alimentada en un estado de orgullo que reprime e inhibe. Este sentimiento de timidez se puede confundir con humildad, pero es este un estado muy superior y muy alejado de este comportamiento.

El orgullo, manifestado en su faceta inhibitoria (apatía, excesiva timidez), desarrolla complejos de inferioridad que pueden producir depresión, angustias e incomunicación.

Otra característica del orgullo como fuerza negativa se manifiesta, en su lado totalmente opuesto al anterior, en la exaltación del yo. Esto significa querer tener siempre la razón, que nuestras ideas sean valorizadas o escuchadas como la única verdad y dar la última palabra.

Siempre, consciente o inconscientemente, tenemos un pensamiento de desvalorización de nuestro prójimo, porque este estado de orgullo enceguece, nos conduce con soberbia y altanería. Consecuentemente, esto nos aleja de los demás, nos incomunica porque no desarrollamos la tolerancia, la capacidad de escucha y no concebimos la idea de que los otros tengan razón y que yo, pueda equivocarme.

El exceso de amor propio nos lleva a sentirnos mortificados con facilidad cuando la opinión del otro no coincide con la nuestra y a veces podemos manifestarnos con conductas agresivas, violentas, basadas en la intolerancia y la falta de comprensión de las situaciones y las personas.

Podríamos sintetizar lo expuesto en el siguiente esquema a fin de visualizar mejor de qué manera incide y se manifiesta el orgullo en la personalidad:

1. El carácter. Timidez. Soberbia El orgullo:

2. Sentimientos y Orgullo Inactivo. Apáticos pensamientos Su influencia: Orgullo Activo. Violentos, agresivos, intolerantes.

3. Acciones. Inhibición y Apatía. Depresión. Sobreactividad, búsqueda de notoriedad. Incentiva



Hemos abordado el análisis del orgullo como un aspecto negativo de la personalidad puesto que dificulta, ya sea en su faceta inhibitoria (excesiva timidez, apatía) o en su lado opuesto (exaltación de la propia persona, sus capacidades, sus pensamientos, etc), las relaciones comunicativas basadas en el afecto, el sinceramiento y la humildad.

Las manifestaciones de orgullo: soberbia, imposición, juzgamiento, intolerancia, todas ellas aristas emanadas de un mismo estado de error, provocan inevitablemente, el alejamiento de los seres, frialdad en los sentimientos y quiebres anímicos en la personalidad. De allí la importancia de conocerse, del análisis reflexivo, sincero, que posibilite la búsqueda de las propias capacidades o virtudes y también el reconocimiento de las fuerzas negativas que a veces, dominan y enceguecen nuestros actos y pensamientos.

Una mirada sobre nuestra sociedad nos devuelve imágenes variadas de personas y personajes que manejados por el orgullo y la soberbia, equivocaron el camino. Pero también, otra mirada, más detenida y silenciosa, nos muestra el andar de tantos hombres y mujeres que anónimamente, brindan su tiempo, su cariño, su generosidad a quien más lo necesita. Allí radica el desafío: en sumarse a esas voces que claman por más servicio al prójimo, por la entrega desinteresada y la humildad y la fe, como formas de vida.

Todos podemos iniciar este camino de la propia superación del orgullo.

Intentemos para ello, luego de reconocido y ubicado en la propia personalidad como un elemento caracterizador y obstaculizador, descubrir en qué aspectos positivos podemos apoyarnos, con qué fuerzas contamos y en quiénes podemos confiar que nos aliente en el cambio.

La tarea solidaria del progreso es una extensa cadena donde unos con otros nos apoyamos, escuchamos, aconsejamos, fortificamos, porque la evolución no se da aisladamente, sino que se nutre de los lazos de amor, de afecto, compañerismo, generosidad para ayudar y ser ayudado.

Es ese el principio básico del progreso universal, manifestado en el sentimiento de amor y humildad, aspectos estos totalmente opuestos al sentimiento de orgullo que enceguece y desvía el andar.

Lograr darle a nuestra existencia un estado de mayor sencillez y emotividad, puede ser el principio del camino, porque la verdadera realización del hombre se esconde en las cosas simples y cotidianas de la familia y el trabajo. La realización es un estado del alma más que un reconocimiento exterior de nuestra labor. Se realiza el ser humano cuando anhela conscientemente el bien y planifica acciones individuales o grupales, tendientes a lograrlo.

Se realiza en el desarrollo del sentimiento solidario en la familia y en la sociedad, porque cumple con las leyes Superiores emanadas de Dios que conducen invariablemente, al desarrollo del Amor.

El amor y la humildad constituyen la faceta opuesta de la soberbia y la altanería, porque procuran la tolerancia y la comprensión de los demás seres. En un momento tan difícil como el que en la actualidad atraviesa el mundo, donde se evidencian más que nunca las escalas valorativas que conducen a cada ser humano a su propia realización, estos aspectos axiológicos recobran su verdadera dimensión.

Tolerar, comprender, ayudar y agradecer, debería ser el compromiso íntimo de cada uno consigo mismo y para con los demás. Tolerar es comprender al espíritu en lucha y ayudarlo con una palabra que anule la fuerza de su error, según nuestras posibilidades.

La corrección es tolerancia, el impulso de esta palabra debe venir de un sentimiento de bien, nunca debe construirse en la descarga de nuestro propio error:

Rabia, imposición, rebeldía. Si se duda qué actitud tomar ante el error ajeno: "ama, comprende y perdona", seguramente esa es la mejor opción.

El perdón es otro de los grandes recursos para debilitar el estado de orgullo, porque al perdonar nos obligamos a dejar de lado el rencor y hacemos el esfuerzo del olvido primero, y del amor después.

Bucear en el propio Yo, implica conocer este rico entramado de la personalidad humana, no para deprimirse y sucumbir en la desesperanza , sino por el contrario, para conocerse mejor y proyectar así, acciones tendientes al cambio sincero que nos beneficie moralmente y haga más feliz la propia existencia y la de quienes nos rodean.

Anhelar, planificar y trabajar para ello, es un proyecto de naturaleza moral que no admite postergaciones, porque el ser ya comprende cuál es el verdadero camino de la felicidad espiritua
l.

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