C.E.

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sábado, 7 de marzo de 2020

SEXO Y ESPIRITUALIDAD (REFLEXIONES PARA EL FIN DE SEMANA)

Este siempre ha sido un tema que ha dado mucho que hablar y debatir y generalmente se centraba en dos preguntas:

¿ACASO PIENSAS QUE LOS QUE PRACTICAN MEDITACIÓN NO TIENEN DESEO SEXUAL?

¿PIENSAS QUE LA DIMENSIÓN ESPIRITUAL DE LA VIDA Y PRACTICAR SEXO PUEDEN SER INCOMPATIBLES?

Las respuestas a nuestras preguntas nos dicen que la consciencia puede ser, enfocada en la neutra observación de los propios pensamientos y también puede enfocarse en la corriente de sensaciones que suceden durante la vivencia sexual.

EN REALIDAD, AUNQUE LA MEDITACIÓN PROPICIE LA TOMA DE CONSCIENCIA O “DARSE CUENTA” DE QUE NO SOMOS EL CUERPO, NI SOMOS LAS EMOCIONES, NI LOS PENSAMIENTOS, SINO MÁS BIEN UN CENTRO DE PERCEPCIÓN DE TALES MANIFESTACIONES, SÍ CONVENDRÁ PUNTUALIZAR QUE EL DESEO SEXUAL DE NUESTRA MENTE Y CUERPO, NO TIENE POR QUÉ SER REPRIMIDO DE FORMA SISTEMÁTICA, POR MÁS COMPROMISO ESPIRITUAL QUE SE TENGA.

EN TODO CASO Y SI ÉSTE BROTA, CONVIENE NATURALMENTE CANALIZARLO COMO CADA UNO EN SU PROPIO MARCO ENTIENDA.

El hecho de reprimirlo sin conocimiento, simplemente en base a doctrinas o idealizaciones, puede traer consecuencias nada deseables. 

¿En qué consiste eso de enfocarse o hacerse presente en cada sensación sexual? Pues tan solo en entrenar la atención consciente en lo que está sucediendo en ese instante en el cuerpo. A partir de este estado maravilloso de vivir el momento presente, el “hacer el amor” puede convertirse en una verdadera meditación, una vivencia tan contemplativa como sensorial en la que se pueden trascender aspectos tales como las imágenes mentales, los deseos anticipatorios, la tendencia a repetir memorias de anteriores placeres, y desde ahí, OPTAR POR VIVIR LA SEXUALIDAD COMO UNA DE LAS MÁS GRANDES AVENTURAS DE DESCUBRIMIENTO Y CREATIVIDAD QUE EXISTEN EN LA VIDA.

En un mundo tan avanzado como el actual, mundo que ha superado tabúes y corrientes represoras, la sexualidad sigue siendo un tema repleto de secretismo, culpa y vergüenza. Por ello, conviene hablar cada vez más claro de algunos aspectos que empañan a la misma.

Lo evidente es que, hay que partir de la base de que todo placer sexual, aunque surja desde la complicidad y el amor, es un suceso que ocurre absolutamente “dentro” de uno mismo. Ocurre tan dentro de uno mismo que conforme se comienza el juego estimulador, el que se va adentrando en estados no ordinarios de intensidad orgásmica, procede de pronto a individualizarse y suspende toda percepción exterior.

Una interiorización de tal calibre por la que se “suelta el control” así como el afán de complacer al otro, un “otro” que se trasciende incluso como fuente de complicidad. Finalmente, y una vez más, la salida está dentro. 

Por lo tanto, esa sutil travesía que habitualmente suele iniciarse entre dos personas, y que avanza desencadenando sensaciones y sentimientos, finalmente sucede en uno, y solo en uno. Por ello puede decirse que lo importante no será el darle vueltas a quién es el cómplice, o qué circunstancia ha hecho desencadenar el viaje, o incluso que tipo de manipulación se esté utilizando. Lo importante será el estado de consciencia en sí mismo que esté sucediendo con todas sus manifestaciones internas.

Es por ello que, si el viaje se realiza con el cónyuge legal, con un amante oculto, con un juguetito electrónico, con la mano o con la mente visionaria… será éste un tema secundario.

Lo que realmente busca todo caminante existencial es salir del apretado encapsulamiento de la mente lógica, de la ilusoria sensación de separación dualista, y del blindaje del corazón, tan característico del estado ordinario de consciencia.

Una “salida” que unas veces puede hacerse sosteniendo la mirada en los ojos del otro y dejando que el fondo de su pupila abra puertas al infinito, y por el contrario otras veces, cerrando la conexión con el exterior, y mirando hacia dentro en total absorción con la corriente de sensaciones placenteras.

Una vez más la moral censuradora, la represión por idealismos sin ninguna base, y la influencia poderosa de las religiones que culpabiliza todo lo que no sea reproducción en el marco conyugal, caen por el ejercicio del discernimiento y del estudio y comprensión de la sexualidad del ser humano.

LA ESPIRITUALIDAD NO ES UN CONJUNTO DE NORMAS ELEVADAS, SINO UN ESTADO DE CONSCIENCIA, UN ESTADO DESDE EL QUE SE VIVENCIA LO QUE SUCEDE DESDE UN PUNTO DE VISTA TAN PLENO COMO INEFABLE.

Todo aquello que nos acerque a esta realidad será bienvenido, por lo que conviene señalar que así como el silencio y la contemplación ahondan la vida interior, la sexualidad óptimamente practicada y sin creencias neuróticas, puede convertirse no solo en una corriente de placer facilitadora del sosiego, salud y paz, sino también en una oración al universo, una oración en la que el “viajero” ha sido capaz de elevar su corazón, de comulgar con el vacío, y de alguna forma, estremecerse de gratitud.

UNA GRATITUD QUE NO SOLO SE MANIFIESTA POR EL REGALO DE LA CASCADA DE ENDORFINAS QUE LA SEXUALIDAD DESENCADENA, SINO POR LA INMERSIÓN CONSCIENTE QUE UN SER HUMANO PUEDE LLEGAR A VIVENCIAR, CUANDO SABE ORIENTAR ESTA ENERGÍA DE MANERA LIBRE Y SABIA.


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