viernes, 13 de abril de 2012

LA IMPORTANCIA DEL EJEMPLO EN EL MOMENTO ACTUAL


La reflexión que debemos hacer, evidentemente aquellos que quieran reflexionar, algo no habitual en la sociedad actual, seria:

Cada uno de nosotros, con nuestros comportamientos, de ser pensar y actuar, ¿qué ejemplo estamos dando en nuestro entorno cercano, a quienes comparten con nosotros el día a día?

Ya que nos guste o no, lo sepamos o no, todos somos espejos de todos, todos nos vemos reflejados en los demás, todos enseñamos algo en los demás..

La educación es el arte de preparar al ser humano para la vida social y en ello interviene una síntesis de elementos afectivos, intelectuales y experienciales.

La familia constituye la primera experiencia donde se van amalgamando las tendencias naturales del espíritu, fruto de su trayectoria evolutiva, y los procesos relacionados con el aprendizaje, la educación y las condiciones afectivas del entorno, determinando una experiencia única para cada ser.

DURANTE EL PROCESO DE MADURACIÓN DEL INDIVIDUO SE VAN CONFORMANDO LOS RASGOS DE SU PERSONALIDAD DONDE HÁBITOS, CONDUCTAS Y COMPORTAMIENTOS SE AFIANZAN CON EL TRANSCURRIR DEL TIEMPO.

La realidad familiar (urgencias económicas, disgregación, incomunicación, etc.) y posteriormente la social, hoy magnificada por el poder de los medios de comunicación con una amplia carga de mensajes, no siempre contribuyen en la importante tarea de la formación integral del ser humano, aquella que se sustenta en valores morales y culturales.

El desconcierto no sólo toca a la juventud que a menudo busca su espacio con angustia o evasión, sino también a vastos sectores de la sociedad que canalizan sus insatisfacciones con intolerancia y violencia.

Ni siquiera la escuela, que tradicionalmente ha ejercido un liderazgo en la formación del joven, puede hacer frente hoy a una sociedad que la desautoriza a cada instante.

Si la sociedad deshace prolijamente lo que pretende que la escuela construya, no puede esperarse que la educación represente una gran diferencia señala Jaim Etcheverry en La Tragedia Educativa.

La tarea del padre y del maestro debe confrontar con otros canales pedagógicos posiblemente más efectivos ligados al entorno social con mensajes y actitudes que privilegian la superficialidad y el poder adquisitivo como fin en sí mismo, subestimando el esfuerzo para el logro de objetivos y la integridad para la consecución de los mismos.

Si bien es cierto que los recambios generacionales renuevan el enfoque de la realidad de la mano de nuevas tecnologías y conocimientos, lo cual siempre es auspicioso, es importante tener en claro, por sobre estas alternativas, cuáles son los pilares sobre los que se sustenta una sociedad pujante: el trabajo, la responsabilidad, la tolerancia, la solidaridad, la justicia.

INTERROGANTES

¿Estamos como padres, docentes, dirigentes o ciudadanos, señalando el camino adecuado a las nuevas generaciones para el cambio o estamos convalidando esta carrera desenfrenada por pertenecer a un sistema cada vez más excluyente?

¿Contribuimos a su felicidad dándole las herramientas para construir su futuro, con autonomía y responsabilidad o los estamos dejando a la intemperie, vulnerables a las contingencias de la existencia? ¿Prevalece la idea excluyente de la educación como un medio de aumentar los ingresos económicos o como una oportunidad de expansión mental para lograr seres pensantes, libres, reflexivos?

Si bien existe la idea confusa sobre la crisis de la enseñanza donde seguramente pueden existir falencias, tal vez la raíz del problema se aloje en nuestra propia casa.

Quizás los jóvenes sean muy buenos alumnos tomando el mensaje implícito que le damos con el ejemplo, aprendiendo de nuestros hábitos, reacciones, conductas, en fin, de nuestra propia vida. Los jóvenes pueden leer el mundo en el que les toca vivir y detectar la incoherencia entre la teoría y la práctica, entre la realidad y la hipocresía.

Si realmente estamos convencidos de revertir esta situación debemos comenzar por reflexionar acerca de nuestros propios valores y cómo los llevamos a la práctica, evitando el doble discurso.

El valor del ejemplo siempre tendrá un efecto de mayor alcance pues requiere firmeza en nuestras convicciones. No sólo se trata de decir sino también de hacer lo que pensamos.

Constituye una importante herramienta de presión social, un verdadero factor de cambio en cualquier área de desenvolvimiento. Pero quienes más lo necesitan son nuestros propios hijos. Ellos nos observan y somos su referencia.

El amor, la comprensión, el diálogo frecuente, el acompañamiento en el análisis de la realidad del mundo y de la que cada uno debe vivir, es una hermosa oportunidad para fomentar el pensamiento reflexivo, el optimismo y la fe en el futuro, canalizando las fuerzas naturales de la juventud hacia metas que fomenten el bienestar interior, la confianza en sí mismo, el trabajo en pos de los ideales.

EN TODOS NUESTROS PASOS, SIEMPRE SERÁ EL EJEMPLO EL QUE DEJARÁ EL RASTRO INDELEBLE, LA ENSEÑANZA QUE PERDURARA EN LA MENTE Y EL CORAZÓN DE AQUELLOS QUE COMPARTIERON CON NOSOTROS LA MARAVILLOSA AVENTURA DE LA VIDA.

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