C.E.

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sábado, 24 de junio de 2017

EL MAL HÁBITO DE CONTARNOS CUENTOS PARA SOBREVIVIR (REFLEXIONES PARA EL FIN DE SEMANA)

LOS CUENTOS TIENEN UNA VIRTUD PODRÍAMOS DECIR QUE INICIÁTICA YA QUE SIRVEN PARA DORMIR A LOS NIÑOS, PERO PARA DESPERTAR A LOS ADULTOS. HAY PERSONAS QUE SE PASAN LA VIDA CONTANDO CUENTOS. OTROS SE INVENTAN CUENTOS NUEVOS, ALGUNOS VIVEN LA VIDA COMO SI FUESE UN CUENTO Y LOS MENOS CONSIGUEN VIVIR DEL CUENTO TODA SU VIDA.

Pero los cuentos tienen un peligro dado los tiempos que corren, y eso ha dado lugar a que numerosas personas hayan caído en él. Me refiero a la necesidad que las personas tienen de contarse cuentos a sí mismos, para poder sobrevivir, el peligro viene porque se acaban creyendo sus propios cuentos y eso los lleva a vivir alejados de “su realidad”.

Tenemos que reconocer que todos nos hemos contado cuentos alguna vez. El peligro repito viene cuando lo convertimos en un habito, en una forma de vida. 

Cuando éramos pequeños nos encantaba escuchar cuentos porque de alguna forma, en esos momentos, huíamos de la realidad y vivíamos otra que siempre nos gustaba más.

HEMOS CRECIDO Y LOS CUENTOS NO LOS HEMOS DEJADO. SUSTITUIMOS A LA PERSONA QUE SE ENCARGABA DE NARRARLES POR NUESTRA PROPIA MENTE Y SEGUIMOS HACIENDO CREER A LOS DEMÁS Y A NOSOTROS MISMOS QUE EFECTIVAMENTE LA REALIDAD SIEMPRE ES DISTINTA A COMO LA VIVIMOS.

En los cuentos siempre hay personajes nobles, sinceros y bondadosos, otros malvados y manipuladores y unos terceros que ejercen un papel de mediadores para recordarnos que nada es tan blanco ni tan negro, que hay una enorme escala de grises en el medio. 

Lo peor de los cuentos es que en ellos hay una especie de engaño. Siempre hay un final feliz. A los malos se les castiga o, al menos, no se salen con la suya. Y los protagonistas siempre enseñan una lección en la que salen beneficiados, ellos y los demás.

La vida, la realidad de nuestro día a día evidentemente no es así. Por muchos cuentos que nos cuenten, los finales casi nunca son felices y las lecciones no son duras solamente para el que lo hace mal, sino que las consecuencias, o como se llama ahora “los daños colaterales” no solo nos afectan a nosotros sino que también alcanzan y lo sufren quienes viven a nuestro lado.

En el relato continuo que es nuestra existencia, la narración más importante es la que nos contamos a nosotros mismos. Nos contamos historias y cuentos, para escapar aunque sea solo por un instante de la realidad, en los que nos perdonamos o en los que nos condenamos. 

Damos tantas vueltas una y otra vez al mismo problema, que llegamos a marearnos y acabamos por perder el significado del problema inicial, cuando lo más coherente es siempre que hay un problema…..enfrentarlo no hay otra forma de solucionarlo y es increíble que algo tan evidente nos cueste tanto entenderlo y llevarlo a la práctica.

Por eso es muy importante el cuento que nos contamos a cada instante. Víctimas o verdugos, uno de los dos papeles que nos toca ejercer sin remedio y en el que arrastramos a mucha gente que camina junto a nosotros.

PARA NUESTRA BUENA SALUD EMOCIONAL SERÁ BUENO Y NECESARIO REVISAR CADA NOCHE QUE CUENTO NOS HEMOS CONTADO ESE DÍA. A QUIENES HEMOS HECHO BRUJAS O HADAS, VERDUGOS O PRÍNCIPES. POSIBLEMENTE, TAMBIÉN, NO ESTÉ DE MÁS PONER MÁS DE UN FINAL A NUESTRAS HISTORIAS, PARA NO PROLONGARLAS EN EL TIEMPO.

Contarnos cuentos no es malo, siempre que lo hagamos como una solución temporal y que sepamos que un cuento es lo que es y que nunca verdad. Eso sí, puede servirnos para seguir viviendo con cierta despreocupación una vida que de otro modo nos colocaría en un lugar del que queremos escapar.

PERO NO OLVIDEN QUE EL CUENTO QUE NOS CONTEMOS, NO ELIMINARA EL PROBLEMA QUE TARDE O TEMPRANO TENDREMOS QUE ENFRENTARLE, PORQUE SI NO LA VIDA NOS LO PONDRÁ DELANTE UNA Y OTRA VEZ HASTA QUE LE DEMOS SOLUCIÓN.

CON DILATAR LA SOLUCIÓN DE NUESTROS PROBLEMAS, LO ÚNICO QUE CONSEGUIMOS ES HACERLES MÁS GRANDES.


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