C.E.

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viernes, 30 de agosto de 2013

EDUCAR LOS SENTIMIENTOS

Volver la mirada hacia otras épocas de la historia puede permitirnos apreciar cómo en el siglo XVIII, por ejemplo, el hombre exaltaba la razón y la colocaba en un sitio de reverencia puesto que todo tenía sentido si pasaba por su tamiz.

Los movimientos pendulares de nuestra historia nos mostraron, por otro lado, cómo en la primera mitad del siglo XIX el Romanticismo elogió lo afectivo y pasional, la libertad y la subjetividad como ejes fundamentales. 

Frente a estos cambios radicales de la perspectiva humana, cabe preguntarnos: ¿cómo se encuentra el hombre del siglo XXI frente a estas cuestiones, se sitúa en la razón o se sitúa más en los sentimientos?

EL ESCRITOR ESPAÑOL ENRIQUE ROJAS EN SU LIBRO "EL AMOR INTELIGENTE" CONSIDERA QUE HOY A LOS JÓVENES UNIVERSITARIOS SE LES ENSEÑA MUY POCO SOBRE LA AFECTIVIDAD Y LO RELACIONADO A ELLA, NINGUNA ASIGNATURA HABLA DE ELLA Y FRENTE A ESTA CARENCIA SE PREGUNTA QUÉ SE PUEDE HACER ANTE ESTA NUEVA FORMA DE ANALFABETISMO.

JEAN GUITTON EN "SILENCIO SOBRE LO ESENCIAL" MANIFIESTA EL PAPEL QUE OCUPAN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN: SILENCIAN Y PASAN POR ALTO TEMAS DIRECTAMENTE RELACIONADOS CON LA VIDA HUMANA, UNO DE ELLOS ES LA EDUCACIÓN SENTIMENTAL.

La falta de una correcta educación de los sentimientos desarrolla sin dudas, un ser humano segmentado, incompleto, que sólo está capacitado para su trabajo, labor profesional, pero bastante incapacitado para desplegar su lenguaje sentimental.

¿TAREA DE LA ESCUELA, DE LAS UNIVERSIDADES, DEL MEDIO, DE LA FAMILIA?

Creemos que desarrollar una disciplina de pensamiento, un lenguaje de los sentimientos y acciones coherentes que los avalen, es una empresa que requiere del compromiso de todos como sociedad, ya sea en forma sistematizada o bien con la espontaneidad que brinda el diálogo familiar. Sin embargo, consideramos que es prioritario que la educación moral, de la que forman parte los sentimientos, se apoye y se enriquezca fundamentalmente en el ámbito del hogar.

Este es la primera cuna donde el ser se manifiesta y es responsabilidad prioritaria de los padres favorecer una educación que contemple, entre otras cosas, la educación de los sentimientos. Se debe enseñar cómo aprender a conocer el tipo y la naturaleza de lo que sentimos y pensamos, de qué forma dirigirlos y encauzarlos hacia una proyección positiva.

EXPRESA ENRIQUE ROJAS QUE "LA CAPACIDAD PARA CONTROLAR Y DOMINAR LOS SENTIMIENTOS Y LAS PASIONES ES UN SIGNO DE MADUREZ. (...) DEL MISMO MODO QUE EDUCAR UNA PERSONA NO ES DECIRLE A TODO QUE SÍ, EDUCAR LOS SENTIMIENTOS NO CONSISTE SÓLO EN DIRIGIR, PROYECTAR, RACIONALIZAR, HAY QUE SABER QUE COSAS SE CUELAN HACIA EL INTERIOR DE UNO Y SON NEGATIVAS, PARA PODER LUCHAR Y ECHARLAS AFUERA. ESTO NO ES REPRESIÓN, SINO SIMPLEMENTE CAPACIDAD PARA GOBERNARSE A SÍ MISMO, DISTINGUIENDO ENTRE LO VALIOSO DE VERDAD Y LO QUE LO ES SÓLO EN APARIENCIAS".

La razón y lo sentimental no pueden desvincularse porque juntos hacen la esencia de la persona y se complementan en funciones específicas que ayudan a discernir lo frívolo de lo valioso, lo banal de lo trascendente. Y propiciar una educación tendente al desarrollo de lo moral es trascendente. Implica capacidad de análisis, reflexión, auto-conocimiento, toma de decisión responsable y compromiso para el cambio. Todo esto se debe tratar de enseñar a los hijos, a los alumnos, a los ciudadanos, porque la construcción de personas éticas a todos nos atañe y a todos nos afecta de una u otra manera.

Los padres porque asumieron el compromiso de la educación de ese hijo que se le confió y deben, entonces, crear los medios y las condiciones que favorezcan este análisis de la personalidad de cada hijo, en forma personal y diferenciada porque cada ser es único y distinto.

Cada individuo, sin duda, anhela poder proyectarse en el amor y buscar la felicidad, por eso es importante poder intuir qué recursos usar, qué camino seguir, cómo aproximarnos a nuestros objetivos y deseos. Ninguna receta es válida para ello, pero si estamos convencidos de la necesidad de mejorar y crecer espiritualmente, entonces sin duda el esfuerzo tendrá sentido y será vivificante.

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