C.E.

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lunes, 8 de noviembre de 2010

¿DÓNDE ANIDA LA ESPERANZA?

La vida con sus lecciones, sus problemas, sus sinsabores, muchas veces se asemeja a un río el cual debemos cruzar para llegar a la otra orilla.

Algunos pueden llegar más fácilmente al otro lado, otros podrán encontrar pasos menos exigentes, otros deben prepararse para cruzarlo a nado, y sortear los inconvenientes, pero a pesar de ello, es posible vislumbrar la otra orilla y ver que con frecuencia, está más cerca de lo que creemos. Sólo se necesita para llegar a la otra orilla el trabajo y esfuerzo continuo, la voluntad imperiosa al servicio de un objetivo firme de progreso y la confianza en uno mismo de poder lograrlo.

La confianza en uno mismo se consigue razonando y aplicando la humildad en la aceptación de las pruebas a las que nos somete la vida en nuestro camino por ella; se basa en el conocimiento profundo de uno mismo, de las circunstancias que rodean nuestra vida y de nuestro destino como seres en constante evolución.

Al ser humano que se mueve con autentica confianza en si mismo, lo anima también una visión positiva de la vida en la que, lejos de ignorar las dificultades, intenta descubrir las soluciones, y ver para qué le sirven dichas dificultades. Procura reflexionar sobre el para qué de las cosas, qué aportan, en qué enriquecen, qué enseñanzas dejan, y no se cuestiona tanto el ¿porqué a mí?, creyéndose víctima de las circunstancias adversas.

La confianza en uno mismo y el optimismo son flujos de una corriente de energía positiva, vigorosa, que no sólo hace que el ser humano se sienta vivo y pleno, sino que a la vez contagia a los demás y le permite ver la vida con todos sus defectos pero también con todas las posibilidades de cada día aprender un poco más. El optimismo se alimenta de una valoración profunda de los seres con los que se comparte la vida, siempre hay algo para agradecerles, algo por lo que se los pueda estimular, afecto para demostrar en actitudes y palabras sinceras.

Comparando a la vida como una aventura marina, el escritor Enrique Rojas sostiene que el optimista, cuando sobrevienen el peligro o las dificultades, no pierde la calma; tiene fortaleza y serenidad; relativiza y no dramatiza los hechos. Lucha contra los elementos adversos, está atento a todo, pero mirando la lejanía, porque los vientos favorables volverán...

El ser humano que proyecta su vida de acuerdo a estos estados de valoración, de confianza en si mismo y esperanza, vive siempre hacia delante, en la confianza y el deseo de que el objetivo trazado llegará a cumplirse algún día. La esperanza es la fuerza que empuja, arrastra, fascina por su contenido y pone en marcha la motivación...

Tener ilusión es tener confianza en nuestro trabajo y esfuerzo diarios, es alimentar la esperanza de que las cosas que anhelamos pueden ser posibles, en función de nuestro compromiso interno con ellas; es estar vivo, programar objetivos, soñar con dar lo mejor de uno, superar las dificultades y llegar a esa cima que de joven uno se planteó.

Qué importante sería dinamizar con esperanzas y renovadas ilusiones los propios proyectos, darles energía, luchar contra la monotonía y el desgaste, porque sólo así se irán desgranando los esfuerzos por alcanzar lo mejor. Y cualquier naufragio resultará positivo porque enseñará una lección concreta, de la que siempre se aprenderá algo.

La vida se compone de escenas que requieren de esa mirada positiva, de un sentimiento de aliento, de confianza y esperanza que nos acompañe, y esos estados anidan en cada uno de nosotros, cuando se cultivan con la serenidad del pensamiento y el sentimiento, cuando el ser humano se conecta espiritualmente solicitando fuerzas para las luchas, agradeciendo y valorando lo que tiene y recibe cada día.

El latido de la vida está allí, en cada grieta y en cada espacio y como expresa Ernesto Sábato (...) "sólo necesita un latido para seguir viviendo, y a través de él puede colarse la plenitud de un encuentro, como las grandes mareas pueden filtrarse aun en las presas más fortificadas. O una enfermedad puede ser la apertura, o el desborde de un milagro cualquiera de la vida. Una persona que nos ame a pesar de nuestra cerrazón como una gota que golpeara incesantemente contra los altos muros".

Entonces, allí es donde nace la confianza y la esperanza, en cada pliegue del espíritu que intenta no desilusionarse, porque lo sostiene, un sentimiento autentico junto a la más íntima y profunda confianza en su unión con todo lo creado y se siente participe de esa creación.

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