C.E.

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miércoles, 17 de octubre de 2012

SOLEDAD, ¿ETERNA COMPAÑÍA?


Los Beatles hablan de ella en su clásica Eleanor Rigby. Gabriel García Márquez la incluye en Cien años de soledad, la novela que lo hizo conocido en el mundo entero. Aristóteles la alude por omisión en su concepto del ser humano como un ser social. Sartre la presenta en su teoría del existencialismo. Martin Buber trabaja sobre ella en su obra Yo y Tú. Y además está presente, de una u otra manera, en infinitas historias personales, a las que llega siempre de una manera distinta.
 
Es que la soledad, paradójicamente, existe de la mano de los seres humanos y aparece en diferentes etapas de la vida trayendo consigo efectos tan diferentes como personas hay en el mundo.
 
Más que un hecho o una situación, se trata de un estado de ánimo o mental. Para algunos, es una de las grandes amenazas de nuestro tiempo; para otros, uno de los mayores temores existenciales, como también lo es la muerte.
 
LA PSICÓLOGA MARTA HERRERA, ESPECIALISTA EN PÉRDIDAS de SERES QUERIDOS, LA DEFINE COMO "LA AUSENCIA DE UN VÍNCULO AFECTIVO SIGNIFICATIVO" que suele aparecer asociada a dos "angustias básicas" del ser humano: el miedo al abandono y el miedo a la pérdida de identidad. El "otro", que en cada etapa está representado por alguien distinto -padres, amigos, pareja, hijos- es una pieza fundamental para crecer, desarrollarse y ser feliz.
 
Sin embargo, no siempre sentirse solo es equivalente a estar solo. "SE SIENTE SOLEDAD CUANDO UNA PERSONA NO PUEDE ESTABLECER UN CONTACTO SOCIAL CON EL RESTO DE LAS PERSONAS O CUANDO EL CONTACTO LOGRADO NO SATISFACE, YA QUE UNA PERSONA PUEDE LLEGAR A SENTIRSE SOLA A PESAR DE QUE NO LO ESTÉ REALMENTE", dice Mariana Álvez, exponente de la psicología positiva.
 
NI BUENA, NI MALA.
 
Aunque generalmente está asociada a la vejez, la soledad puede aparecer en cualquier etapa de la vida, incluso en la juventud. "Si la soledad se siente como algo no escogido, es difícil a cualquier edad. En los jóvenes se vive intensamente, como todas las emociones".
 
En la tercera edad, la soledad se mezcla con la resignación. "Como si ya fuera demasiado tarde para revertir la situación, como si la soledad marcara a fuego con su poder y no los dejara escapar".
 
En un mundo en que el tiempo, la independencia y la superación son valores indiscutibles, cierta dosis de soledad es valoraba y bien vista. "Permite la auto-reflexión y el desarrollo personal, así como también facilita armar una vida `a la medida`, sin tener que hacer concesiones", explica la psicóloga social Verónica Massonnier.
 
"Todo esto permite que el hogar unipersonal sea para algunos la alternativa elegida, por un tiempo o hasta que aparezca una compañía que supere los beneficios de la autonomía", agrega. Quizás esto explique el alto 18% de Españoles que vive en hogares unipersonales, según datos del Censo 2011. Además, y pese a tener mala prensa, no toda soledad es negativa.
 
La distinción es bastante clara: está la soledad "permanente e involuntaria" y aquella que es "transitoria y voluntaria", que puede llegar a tener efectos positivos. "La mala es aquella que te dice `No soy nadie para alguien`.
 
Como ejemplo veamos la experiencia de Victoria:
 
“Cuando Victoria hizo posible el sueño de irse a vivir sola, un mes después de cumplir 27 años, estaba tan emocionada que no le importaba nada. Fantaseaba con la idea de su independencia desde los 15. Y aunque había tenido distintos proyectos, ninguno se había concretado. Finalmente encontró un apartamento que le gustó. Hizo cuentas y se animó. Ganaba 1.000 mil euros e iba a pagar 300 de alquiler. Apenas le dieron la llave, se mudó, aunque ni siquiera tenía habilitada la luz eléctrica. Pasó los primeros días a oscuras, pero no lo sufrió. "Me parecía que mi independencia valía cualquier limitación material que tuviese que pagar", recuerda.
 
Hoy, cuatro años más tarde, asegura que 80% del tiempo que pasa sola, disfruta estar así. Y aclara: "A menos que esté atravesando el duelo por una separación, en cuyo caso, el 80% del tiempo que estoy sola, odio estar así". Cocina, ordena, lee, escucha música o mira la tele cuando quiere y sin dar explicaciones. Tampoco le disgusta ir sola al cine, al teatro o a pasear por la ciudad. "Creo que siempre es así cuando uno está solo por elección. Si la soledad es impuesta, es diferente. Entiendo que la gente equipara sentirse solo con estar soltero, y viceversa, pero nunca lo vi así, porque me he sentido sola estando en pareja y me sentido muy en armonía conmigo estando soltera. Eso me ha llevado a pensar que para estar bien con otro, primero tienes que saber estar solo contigo mismo. Por eso me parece que vivir solo en algún período de la vida es un aprendizaje que está muy bien aunque tampoco debe eternizarse...", reflexiona”.
 
DESAJUSTE Y EMOCIÓN.
 
Existen momentos y circunstancias en los que la soledad está estrechamente vinculada a la autonomía y la autodefinición. Son historias como la de la independencia de Victoria o de otras muchas personas que deciden dar ese paso en su vida. "Es la soledad mezclada con la emoción de una etapa que comienza, llena de experiencias nuevas. Las personas crecen a través de esa situación".
 
Lo importante, coinciden los especialistas, es que detrás de cada paso haya un proyecto de vida. Cuando eso se da, la persona puede tener la sensación de "desajuste" al principio pero el objetivo final de vivir independiente, funciona.
 
En los períodos de soledad, las redes o grupos que están en tú misma situación -a cualquier edad y desde los amigos cercanos hasta los compañeros de trabajo-funcionan como un apoyo importante. "Las penas compartidas son menos penas". "Cuando te juntas con personas que están pasando por la misma dificultad que tú, encaras mejor la situación.
 
A cualquier edad, la soledad es mala consejera, coinciden los especialistas. Puede generar angustia, depresión, ansiedad, complejo de inferioridad, pérdida de autoestima y enfermedades cardiovasculares. "LA SOLEDAD ES UN BUEN LUGAR PARA ENCONTRARSE A SÍ MISMO, PERO UN MAL LUGAR PARA QUEDARSE". Para ello, en bueno y recomendable encontrar un nuevo proyecto de vida o embarcarse en uno ajeno y tomarlo como propio: y allí aparecen los hijos, los nietos, incluso una mascota.
 
Así evitaremos caer en algo que es "SUMAMENTE HABITUAL" ver personas que hacen "cualquier cosa" con tal de no estar solas.
 
"PERMANECER EN VÍNCULOS ABUSIVOS, TANTO FÍSICOS COMO PSICOLÓGICOS, VIVIR SITUACIONES DE DEPENDENCIA, TOLERAR INFIDELIDADES, SOPORTAR VÍNCULOS CON FAMILIARES TÓXICOS O AMISTADES QUE POCO CONTRIBUYEN A LA FELICIDAD". MI REALIDAD Y MIS ANHELOS.
 
Uno de los cambios más visibles de la sociedad moderna es la pérdida de ese espacio llamado "FAMILIA", que podía integrar a los familiares "desprotegidos" que se han quedado solos. A esta situación, se suma un cambio en el estilo de vida, donde el trabajo es el gran protagonista y el tiempo la gran ausencia.
 
"El tiempo se va haciendo cada vez más escaso y la visita a los abuelos queda limitada al fin de semana, la reunión con los amigos se posterga, el encuentro con la familia que vive lejos se hace más difícil. Y la soledad acecha, porque se está viviendo la `etapa del héroe`, los años dedicados a la carrera, al trabajo y a la construcción de la economía familiar".
 
VAMOS POCO A POCO Y DE FORMA INCONSCIENTE PERDIENDO EL CONTACTO AFECTIVO CON NUESTROS SERES QUERIDOS MÁS CERCANOS.
 
Según los expertos, quienes hoy están envejeciendo son, justamente, las generaciones que dedicaron esa máxima energía al trabajo y en consecuencia menos tiempo para la familia, los amigos y para construir "ese sentido de comunidad" que sirve de apoyo, para no estar solos, cuando llega la vejez. "Algunos señalan el individualismo o incluso el egoísmo de las actuales generaciones.
 
Sin embargo, en los estudios aparece el antiguo y siempre presente anhelo de cercanía y lazos afectivos. Tal vez los estilos de vida han conspirado para debilitar los medios para lograrlo, pero la expectativa y el deseo de unos lazos afectivos fuertes, siempre está presente".
 
EL SER HUMANO ES UN SER SOCIAL Y QUE NECESITA DEL "OTRO" A LO LARGO DE LA VIDA
 
Desde que el filósofo griego Aristóteles estableció que "el ser humano es un ser social por naturaleza", el concepto se ha utilizado para definir y explicar la soledad, que aparece siempre ligada a la importancia de los vínculos y la presencia a lo largo de la vida de dos angustias básicas del hombre: el miedo al abandono y la pérdida de identidad, aseguran los especialistas consultados.
 
"El hombre nace en una situación de gran indefensión, de total dependencia de otro ser humano. Para que sobrevivir sea posible necesita de un `otro` que se haga cargo de él, tanto física como afectivamente".
 
A medida que el niño crece y se relaciona con su ambiente, percibe cuánto depende de ese "otro" y surge así el temor a perderlo, el miedo a ser abandonado y "a sucumbir" si esa persona desaparece o deja de quererlo. Además, el desarrollo de la autoestima también depende en gran medida de la aprobación y del aplauso "que hagan las personas que en nuestra vida nos importan, de los logros que vamos obteniendo a lo largo de la vida".
 
En su obra Yo y tú, el filósofo austríaco-israelí Martin Buber señala que el ser humano siente necesidad del otro para tener una imagen completa de sí mismo. "Buber dice que sólo el otro nos puede ver la espalda. Es el concepto de que el otro nos completa". Con el paso del tiempo, las personas "van estableciendo distintas identidades en función del otro": hijos de, hermanos de, amigos de, pareja de, padres de... "En cada etapa invertimos mucho afecto, pero ese equilibrio se mantiene en la medida que recibamos algo también.
 
Las relaciones tienen que ser mayormente satisfactorias y confiables, sino, no podemos sobrevivir".
 
TECNOLOGÍA
 
El debate en torno al uso de las nuevas tecnologías también tiene un punto de contacto con la soledad. Para la psicóloga social Verónica Massonnier, las generaciones jóvenes experimentan mucho menos soledad gracias a las redes de amigos, tanto físicas como virtuales. "La presencia del otro es continua, o está disponible a la escasa distancia de un SMS".
 
El uso habitual del teléfono móvil y las redes sociales, para el contacto intenso con los demás, da una cierta seguridad y ausencia de soledad. Sin embargo, no todos ven en las nuevas tecnologías una tabla de salvación a la soledad.
 
Según la psicóloga Mariana Álvez, el uso generalizado de las redes sociales a veces es una excusa para evitar el contacto cara a cara y no hace otra cosa que "esconder" a las personas detrás de la "comodidad" de su hogar.
 
"Quizás no se aplique a todos los casos, pero he visto cómo personas que participan activamente de una página en Facebook, por ejemplo, pocas veces aprovechan las oportunidades de los encuentros reales que puedan llegar a ocurrir".

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