C.E.

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lunes, 4 de junio de 2012

CÓMO SER FELIZ EN CADA MOMENTO EL DÍA. Y COMO RELACIONARTE CON LOS DEMÁS EN ARMONÍA

DESARROLLA TU PAZ INTERIOR Y HAZ LO QUE TENGAS QUE HACER DESDE TU ALEGRÍA IMPERTURBABLE.

A continuación, te vamos a ofrecer algunas sugerencias para proteger tu alegría en tu vida cotidiana y, en especial, en algunas de las situaciones en las que más nos cuesta o incluso aquéllas que suelen sacarnos de nuestras casillas.

Pero recuerda que, antes que nada, es importante haber manifestado la decisión de querer ser feliz, mantener una actitud que lo haga posible y aceptar disfrutar del camino, aun en los tramos de travesía más intrincados que puedas encontrar.

Como ilustración e inspiración, pueden servirte las palabras de Lochani, una monja budista de Barcelona: "Cada vez que algo empieza a alterarme (una crítica, una decepción, las cosas no son como deseo, etc.) pienso: ¿Qué me importa más, esto o mi paz mental? Y mi malestar se reduce automáticamente. Porque cualquier cosa que no me guste (lo que piensen de mí, el inconveniente de perder un trabajo y tener que buscar otro, etc.) no es tan importante como mi paz mental, mi alegría interior".

1.- Para afrontar el día por la mañana.

- Cuando te levantas.

¿Te cuesta dejar la cama por las mañanas? Haz tuyas las palabras de aquel monje que decía: "Cada vez que me despierto, recuerdo que tengo por delante 24 horas para ser feliz y hacer felices a los demás". O las de Serrat: "Hoy puedes ser un gran día" y "No dejes que se acaben para desear las cosas más que nunca". Haz un repaso rápido por las personas y situaciones agradables que te esperan a lo largo del día, los proyectos en curso, el significado profundo de tu día de trabajo o estudios; incluso las dificultades que te esperan forman parte del guión, tu vida en movimiento. Cada molestia te hace más fuerte y te da más poder. -

- Durante el desayuno.

Convierte tu desayuno (en casa o en la cafetería) en un ritual precioso que te llena de energía. Disfrútalo como una ofrenda que te haces a ti misma antes de abrir la ventana al mundo: en la lectura del periódico o las noticias en la televisión, el clima en la calle o las personas con las que te cruzas cada día. Aprecia tu desayuno como la energía que te da la fuerza y suaviza tu mirada sobre los acontecimientos del día.

2.- En el trabajo.

- Cuando tu compañero (o, peor, tu jefe) es muy competitivo y crees que sabotea tu trabajo.

Dan ganas de machacarlo, ¿verdad? Y así el machaque se hace mutuo y el mal rollo no se acabaría nunca. Prueba a mirarle con otros ojos, fuera de tus condicionamientos, y ver cómo es de verdad, fuera de sus condicionamientos.

Piensa si compartís aficiones y si hay lugares comunes donde os podríais encontrar: en el gimnasio, en el mercado, en el cine, comprando libros. Piensa en su familia, las personas a las que cuida, sus frustraciones personales.

Y piensa si tienes algo para aportarle. Y ofréceselo. Sal por un momento de las circunstancias que os mantienen enfrentados y relaciónate con la persona y sus necesidades. Si tú cambias, algo cambiará en la relación. Te sentirás aliviada al mejorar la situación; agradecida a la otra persona por ser un poco menos tu enemiga, y orgullosa de tu capacidad para transformar las cosas y del poder de tu amor. Te sentirás feliz.

3.- Con la familia.

- Con los tics que te molestan (o te "traumatizaron" en la infancia) de tu madre, padre, hermano, etc.

Cada vez que te moleste una frase un gesto, una actitud, amplía el foco y descubre qué es lo que quiere decir por detrás de lo literal. Quizás son simplemente pautas aprendidas, vicios de relación que se repiten por inercia. Pero, detrás de esas pequeñas inercias, ¿hay amor? ¿Crees que puedes contar con esa persona? Si es así, agradécelo mucho, dentro y fuera de ti.

Exteriorízalo Dale un beso, un abrazo, una sonrisa o una frase en la que muestres interés por la otra persona. Alguien tiene que empezar a romper la pauta de acción-reacción en los malos rollos familiares.

Pronto recibirás el agradecimiento de la otra persona por no haber hecho más grande la bola de mal rollo que te lanzó. Y, así, la relación se irá saneando y tú cada vez te sentirás más confortable y feliz en familia.

4.- Cuando te relacionas con los demás.

- Con los funcionarios que le ponen pegas a cualquier cosa que tengas que realizar.

Hay personas que parecen disfrutar poniendo impedimentos a cualquier cosa que tengas que hacer, como si tuvieran un radar especial para prever las dificultades o, en su caso, inventarlas. Y lo fácil es reaccionar con mal humor, lo cual no suele obtener muy buenos resultados ni mucho menos potenciar tu felicidad.

Implica paciencia, mantén tu tono de voz suave y, si es posible, sonríe con sinceridad: céntrate en las posibles soluciones (aunque ella se esté centrando en los problemas) y dirígete a ella como si fuera tu colaboradora, para conseguir alguna de ellas. Haz de espejo de su sensibilidad y su buen corazón, que seguro que los tiene (aunque sus condiciones quizás no son las mejores para manifestarlas) y confía en que vais a resolver el problema de la mejor manera posible.

Si su responsabilidad es limitada, busca otras personas con más capacidad de decisión. Y confía en que, cualquiera que sea el resultado, te va a llevar a buen puerto.

SIETE PRINCIPIOS FUNDAMENTALES PARA COMUNICARTE CON LO DEMÁS EN ARMONIA

1.- Sonríe.

Reír es una medicina, física y mental. Refuerza los sistemas inmunológico, muscular y cardiovascular, además de liberar endorfinas, la hormona de la felicidad. Además, la sonrisa se contagia y, cuando es sincera, es la fórmula mágica para apaciguar cualquier mal rollo en otras personas, y en ti misma.

Especialmente cuando creas que te van mal las cosas y sufres, sonríe cuando te relaciones con otras personas: ellas no tienen la culpa. Cuídalas, porque probablemente ellas también guarda su propio dolor.

Y sonreír apacigua todos los dolores. (Frase: "Sé amable con toda persona con quien te cruces porque también está librando una gran batalla"

2. Di siempre la verdad.

Si no dices la verdad, acabarás perdiendo la confianza de las demás personas, y tú misma te perderás, sin saber qué es cierto o no lo es, en tus interpretaciones de las cosas. Decir la verdad es un gesto de valentía, de aceptación, contra la cobardía, la negación y la huida que significa la mentira. Pero decir la verdad no significa exponer/imponer tu criterio aun cuando no te lo pidan; eso son meras opiniones.

3. Escucha con atención.
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Escuchar significa parar la propia cháchara mental y abrirte a la experiencia y los sentimientos de la otra persona. Escuchar es un acto de amor que hace que la otra persona se sienta amada. Practica la escucha atenta porque en cada práctica aprendes a amar más y mejor.

4.- Ponte en sus zapatos.

Y cuando escuches, ponte en su piel, no en lo que tú sentirías si estuvieras en su lugar. Mediante la empatía, descubres la realidad de la otra persona y la aceptas.

5.- Agradece.

¿Erres una persona rica o pobre? Por mucho que poseas, cuando no valoras lo que tienes, es como si no tuvieses nada. Puedes tener una multimillonaria cuenta en el banco, salud, un montón de amistades y todas las oportunidades de disfrute, pero te sentirás pobre si centras tu atención exclusivamente en lo que no tienes, en tu adicción al deseo, a tus próximas conquistas pendientes. Pero, por poco que tengas, puedes sentirte la persona más afortunada del mundo si sabes apreciarlo cada día.

6.- Expresa tus sentimientos.

En la comunicación de verdad está muy bien transmitir detalles y hechos, pero lo que hará que una conversación sea profunda y recordada es el que se intercambien sentimientos y emociones. Aprende a decir "ayúdame", "perdóname" y "te quiero", que son las tres palabras más difíciles de expresar para las personas adultas. Hazle saber a la otra persona qué cosas en ella te hacen sentir bien o crecer.

En cuanto a lo que te hace sentir mal, comunícaselo también, en el momento oportuno (cuando se sienta receptiva y no acusada y a la defensiva) e investigad juntas qué es lo que hay dentro de ti que te hace reaccionar emocionalmente de esa manera. Si tú haces un esfuerzo por cambiar, la otra persona lo hará también.

7.- Aprende a comprender.

Juzgar, criticar, es una pérdida de tiempo y crea hábitos. Cuando criticas pones el foco en algo que no te gusta, ignorando el cuadro completo.

Si en lugar de fijarte en los defectos de las personas o situaciones pones el foco en sus virtudes y beneficios, te llevará a relacionarte mejor con esa persona o situación.

Pon tu atención en lo que te hace aprender y crecer; con esta actitud, verás que no excluyes nada: lo que aprecias de la otra persona, te inspira para mejorar; lo que crees que no funciona, te enseña los errores que no debes cometer.

En cuanto a la otra persona, comprende sus limitaciones y, simplemente, acompáñala (en tus posibilidades), como harías con una persona enferma.

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