viernes, 8 de mayo de 2020

DESILUSIÓNES, PERDIDAS Y DESENGAÑOS……LO QUE NOS APORTAN (REFLEXIONES PARA EL FIN DE SEMANA)

ES MUY NORMAL EN NUESTRO DÍA A DÍA, EN NUESTRA RELACIÓN CON LOS DEMÁS ESCUCHAR FRASES COMO: ¡QUÉ DESILUSIÓN!, NADA TIENE SENTIDO… PARÉMONOS A MEDITAR UN MOMENTO, PARA TRATAR DE ENCONTRAR EL VERDADERO SENTIDO DE ESTAS FRASES QUE SE DICEN. 

Y preguntémonos también:

¿PENSAMOS QUE DESILUSIONARSE ES ALGO QUE CONVIENE EVITAR? 

¿CREEMOS QUE LAS PERDIDAS, NO APORTAN NADA POSITIVO EN NUESTRA VIDA?

¿ACASO NOS GUSTA VIVIR ENGAÑADOS?

La ilusión es un término que ya en sí mismo señala irrealidad y dominio de las apariencias, un término que incluso da nombre a la figura del ilusionista. En realidad, el término ilusión se asemeja a “burbuja”, es decir, a una imagen bonita, pero a la vez inconsistente que, a poco que indaguemos, comprobaremos que vive amenazada por una aguja, una aguja no definida pero temida que mantiene al ilusionado en un estado sutil de amenaza ante el “pinchazo” y la consiguiente desilusión. Lo Coherente es vivir en la realidad.

Si observamos la diferencia entre “el entusiasmo y la ilusión” observaremos que mientras el primero es creativo y de amplios recursos, la ilusión tiende a basarse en proyecciones que, en nuestra evolución y crecimiento funciona como un atajo, que pretende resolver nuestras carencias.

El entusiasmo como sentimiento brota generoso desde lo profundo y se siente como cierto y legítimo. Este mismo rango lo comparte la alegría, otro sentimiento cuyo estado de conciencia conlleva confianza y serenidad, cualidades ambas de nuestra esencia. Lo cierto es que es muy diferente la alegría de la ilusión. En realidad, mientras que reconocemos el entusiasmo y la alegría como profundos, reales y verdaderos, sabemos que en la ilusión viven sutilmente ocultos los miedos y el no querer ver la realidad…nuestra realidad.

Lo cierto es que la pérdida y el desengaño tienen mala prensa en nuestras vidas, pero a poco que seamos conscientes de la existencia de un “algo más” tras las apariencias, un algo más que moviliza el proceso del vivir, no tardaremos en reconocerles su valor y darles la bienvenida.  
Conforme indaguemos, veremos que todo dolor que podamos haber vivido en nuestro pasado, conllevó algún tipo de pérdida en su propio proceso. Es decir, pérdida de seres queridos, de objetos, de salud, de amistad, de lealtad, de juventud, de belleza, de un proyecto, de un íntimo sueño, de la seguridad, del bienestar, de dinero, de amor, de dios, del atractivo, de cualidades, de poder, de capacidad, de confianza… observemos que detrás de aquel dolor, había ciertas dosis de apego y pérdida. Un dolor que tan solo se acalla y resuelve tras realizar el proceso de aceptación que toda pérdida conlleva. Es por ello que a mayor aceptación menos dolor, y a mayor dolor menos aceptación. Un proceso más allá de la lógica y nada controlable que alarga o acorta el tiempo de duelo.

Detrás de estas experiencias de pérdidas pasadas y contemplación de pérdidas futuras, se esconde el aprendizaje no solo de la sabia acción de “NO APEGARSE A NADA” y desprenderse de la identificación a cosas, cualidades y personas que tanto poder tienen de turbar la efímera seguridad que parecen proporcionarnos, sino también de consolidar una manera de ser y vivir en el sostenido desapego, un desapego que no conlleva indiferencia, desamor ni desinterés, sino una consciente y ecuánime relación de Realidad con todo lo que parece que hoy tenemos, ya sea en propiedad o en identidad.

Pérdida a pérdida vamos haciéndonos más ligeros, y conforme vamos soltando lo que nos hace ser más pesados, la vida que encarnamos se eleva hacia espacios de mayor sutilidad, hacia estados de menor densidad, hacia una mayor visión global y mayor vivencia de libertad. 

Comprender que en realidad por más que parezca que tengamos, no tenemos nada, y comprender que todo lo que percibimos es temporal y que somos “SERES HUMANOS DE PASO” en este gran juego que llamamos vida, es una de las primeras lecciones que nos aportan las pérdidas. Pérdidas que, cumpliendo su misión de enseñanza a cargo de la Inteligencia de Vida, suelen venir en rachas de apariencia oscura pero de consecuencias luminosas…

El dejar de estar apegados a lo material, no solo conlleva una relación de transitoriedad y de presencia con todo lo que ahora tenemos propiciando nuestro bienestar, sino que también podemos entenderlo como una progresiva desidentificación del cuerpo, de los pensamientos, y del propio personaje que encarnamos. Esta desidentificación puede producirse en la evolución de algunos seres avanzados cuando logran atravesar la mente pensante y manifestarse desde su verdadera esencia. Una travesía que sucede cuando somos conscientes del ahora, y vivenciamos con atención el presente continuo.

EL DESENGAÑO SUPONE SALIR DEL ENGAÑO, y eso, aunque parezca doloroso, es algo muy positivo, que nos ayuda a conseguir en nuestra vida un mayor grado de verdad, una verdad cuya búsqueda convierte a muchos seres que la anhelan en unos verdaderos buscadores.

Se trata de buscadores a los que ya no les basta la falsa sensación de seguridad que les ofrecen las posesiones y las identificaciones. Son seres que deciden recorrer el camino de la comprensión, aunque éste en ocasiones de lugar a grandes dosis de desilusión y desengaño, un camino que a su vez ofrece múltiples pérdidas y despegos para llegar a abrazar el auténtico valor de sus vidas: la Verdad.

REFLEXIONEMOS Y PENSEMOS QUE MAÑANA PODEMOS PERDER LO QUE MÁS VALORAMOS. INCLUSO PODRÍAMOS ESTAR MUERTOS. ASÍ QUE VIVAMOS AL DÍA, Y DEMOS GRACIAS AL UNIVERSO POR “LO QUE HAY”, PASE LO QUE PASE.

LO MIREMOS COMO LO MIREMOS EN REALIDAD, NO TENEMOS MÁS QUE EL MOMENTO PRESENTE.


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