C.E.

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jueves, 21 de noviembre de 2019

LLORA A LA VEZ QUE SONRÍES (REFLEXIONES CORTAS)


Existe una creencia muy habitual en el ser humano que, lejos de hacernos más grandes, termina por empequeñecernos. Y es la idea de que nuestro poder llega todos los rincones del universo.

A simple vista podría no parecer así —« ¿Creerme el centro yo? ¡Para nada!»—, pero a la hora de la verdad lo cierto es que no dejamos de culparnos por mil y una cosas que poco o nada tienen que ver con quiénes somos: aquel proyecto que no funcionó, esas décimas que no alcanzamos o aquella persona que nos dijo «¿Sabes? creo que no eres lo que buscaba».

Y es precisamente en este espacio de dolor —justo antes de que la herida se haga cicatriz—, donde una oportunidad empieza a nacer para tendernos la mano.

Una oportunidad para de una vez por todas, dejar de a ser el centro de todo, para dar un paso fuera de ese centro y empezar a aceptar que en la vida existen muchas más variables que juegan en contra de nuestros deseos y el esfuerzo que ponemos en nuestro día a día.

Que podemos entregarnos con todo, sí, pero que siempre quedará una parte ajena a nuestra capacidad, por grande que esta sea.

Una de las frases de sabiduría que siempre me ha encantado dice:

«SI DISTE LO MEJOR DE TI E HICISTE TODO LO MEJOR QUE SABIAS, LLORA. PERO HAZLO A LA VEZ QUE SONRÍES».

Y evidentemente no es fácil asumir que el mundo en una gran mayoría de ocasiones es injusto (nadie ha dicho que tenga que ser justo), aceptar que donde merecimos pares salió nones, pero siempre es mucho más valiente seguir en el esfuerzo diario que dejar de intentarlo.  
ASÍ QUE LO CORRECTO ES SEGUIR LUCHANDO Y ACEPTAR LA EVIDENCIA DE QUE, AL FINAL, LO ÚNICO QUE IMPORTA ES AQUELLO QUE HACEMOS CON EL TROCITO DE MUNDO QUE TODAVÍA PODEMOS TRANSFORMAR………………EL NUESTRO.


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