C.E.

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lunes, 16 de abril de 2018

LA ADVERSIDAD COMO CRECIMIENTO

EL SER HUMANO ES UN SER DE LO MÁS CURIOSO, LLENO DE PARADOJAS Y UNA DE ELLAS ES QUE LO QUE MÁS TEMEMOS ES LO QUE LLEVA A LA EVOLUCIÓN. TEMEMOS A LAS ADVERSIDADES, A LAS CRISIS, A LOS CAMBIOS, PERO SIN ELLOS NO HABRÍA CRECIMIENTO, CREATIVIDAD Y AVANCE NI SOCIAL, NI PERSONAL.

La palabra resiliencia está en pleno vigor hoy en día. Se trata de la capacidad para afrontar la adversidad. Es algo así como la facilidad de cualquier sustancia, para romperse o adaptarse a una nueva forma.

El término “resiliencia” viene de la palabra resilio, que significa “rebotar”, en el sentido de coger impulso ante una caída. Es una capacidad que se aprende, no es necesariamente innata y que depende de la actitud, de la voluntad, de la confianza en uno mismo y sus posibilidades, del afán de no dejarse arrastrar por los problemas.

El verdadero caos de los países y los seres humanos es la pereza que les asiste para encontrar soluciones. Es más fácil dejarse llevar tobogán abajo. El famoso miedo a salir de la “zona de confort”

Gran parte del éxito en nuestra relación con la adversidad es la “aceptación”, en primer lugar, de lo inevitable. A veces esto lleva un tiempo. Otorguémonos ese espacio temporal. Será necesario para recomponer el mapa de nuestra mente y nuestra alma y poder volver al punto donde nos perdimos.

Revisemos “nuestro diálogo mental”, en él hay muchas trampas en las que caemos muy fácilmente. ¿Nos engañamos, nos perdonamos con demasiada facilidad, nos culpamos con rapidez? Hagamos una revisión de este continuo parloteo con la mente.

Llegados a este punto no conviene olvidar que: “la mente puede ser nuestro mayor enemigo o nuestro mayor aliado” todo depende de cómo la usemos. La clave como todo esta en que seamos nosotros quienes manejemos la mente, no que la mente nos maneje a nosotros.

Paremos a descansar y meditar. Las adversidades siempre son traumáticas y requieren una parada. Tomemos aliento. Separémonos de ellas. Observémoslas sin implicarnos (aunque nos impliquen); pensemos que le han sucedido a otra persona y decidamos qué actitud tomaríamos en ese caso.

SALGAMOS A DIALOGAR CON ELLAS DESDE UNA ACTITUD CONSTRUCTIVA. ¿QUÉ ME ENSEÑA EL DOLOR QUE ESTOY PASANDO? ¿PARA QUÉ ME SUCEDE? ¿QUÉ TENGO QUE APRENDER? ¿CÓMO DEBE SER EL SIGUIENTE PASO?

En el paso que está por dar, y que será el primero de una nueva situación, debemos encontrarnos con nuestra fortaleza interior y recomponernos junto a otras personas de valor que sean significativas para nosotros, ES DECIR ENCONTRAR NUESTRO LUGAR, EL SITIO QUE DEBEMOS OCUPAR, TANTO EN NUESTRA VIDA COMO EN LA VIDA DE LOS DEMÁS.

La verdadera crisis es la crisis de la disolución de nosotros mismos en lo que duele. No es momento de perdernos, sino de encontrarnos dentro.

TODO ESTÁ EN NOSOTROS. FUERA, ESO QUE LLAMAMOS REALIDAD NO ES MÁS QUE LOS PENSAMIENTOS Y LOS JUICIOS QUE HEMOS CONSTRUIDO DENTRO Y FRUTO DE NUESTRA PROPIA SUBJETIVIDAD………..LA REALIDAD EMPIEZA Y TERMINA CON CADA UNO.

NO HAY CRISIS INSERVIBLES. NI ADVERSIDAD QUE NO SEA UNA MAESTRA. CUANDO NUESTRA ACTITUD ES LA CORRECTA.

TODOS ESTAMOS PREPARADOS PARA EXTRAER LAS ENSEÑANZAS QUE SE DERIVAN DE LAS EXPERIENCIAS ADVERSAS.

Comparto con vosotros un vídeo de mis amigos Ricardo Herrero y Licerio Moreno


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