C.E.

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miércoles, 11 de marzo de 2015

HOMBRE DORMIDO Y UN DESPIERTO

LA DIFERENCIA FUNDAMENTAL ENTRE UN HOMBRE DORMIDO Y UN DESPIERTO, ES QUE EL DESPIERTO LO TOMA TODO COMO UNA OPORTUNIDAD DE APRENDIZAJE, MIENTRAS QUE EL DORMIDO LO TOMA TODO COMO UNA BENDICIÓN O UNA MALDICIÓN. Gurdieff 

Muchas culturas han hablado de los seres despiertos como entes que interpretan los acontecimientos de su vida con un talante peculiar. El alma de un despierto ha sido entregada al impulso trascendente que mueve soles y mareas y sabe que es justo aquello que debe llegar en una no casual conjunción de fuerzas. Cuando un despierto enfrenta problemas, por difícil que parezcan, sabe que éstos incrementan su aprendizaje y actualizan su poder, iluminando lo que venga. Para el despierto ya no hay buena ni mala suerte, ni culpables ni inocentes, ni queja alguna por lo sucedido con apariencia de desgracia. Tan sólo reconoce un flujo de vida detrás de todas las cosas que, a través de luces y sombras, forma una conjunción perfecta.

Para el despierto, el mundo es la plataforma de desarrollo en la que practicar el gran juego del despertar de la consciencia. La vida de cada día ya no es buena ni mala, simplemente es oportunidad de aprendizaje y expansión de una visión que todo lo abarca. Se trata de seres humanos que, en un momento del camino, se orientaron a la Transparencia. Desde entonces, nada es casual en sus vidas ni en sus obras. Sienten que las piezas encajan y que todo lo que llega sirve para dinamizar el crecimiento y actualizar potencialidades insospechadas.

El despierto, antes de conquistar tal rango, era un ser común, alguien a quien asaltaba la congoja, el miedo y la incertidumbre en los días de tormenta. Su vida no tenía gran sentido y cada mañana, al despertar no sentía resortes que lo separaran con entusiasmo de la almohada. Tan sólo vivía trabajando para sostener el esquema y seguir la senda que le ofrecieron los que, como él, caminaban a ciegas. Cada día que pasaba, sentía estancamiento y contradicción y, sin embargo, no veía salida ni puertas abiertas. A veces, pensaba que la vida era una “enfermedad por transmisión sexual”, otras, se pensaba como un insatisfecho que no merecía lo que ésta le daba. A menudo, temía vivirse en un ser inmaduro que con nada se contentaba. Así pasaban los días y las noches, sintiendo que, aunque sucedían muchas cosas, de lo que en realidad le importaba, no pasaba nada. Mientras tanto, en lo profundo de su ser, se abonaba la semilla del despertar, el núcleo lúcido que late silencioso y amigo en el seno del alma.

Tras un ciclo de crisis, llega un día con apariencia de otro cualquiera en el que la semilla se despliega y despierta su consciencia. De pronto, tiene la certeza de que su vida ya no será igual y que los viejos problemas ya no le afectan. Ahora sabe con certeza que su destino no será como apuntaba su vida pasada. Ahora se siente libre y lleno de posibilidades insospechadas. Se han disuelto las resistencias al cambio y se han evaporado las dudas intelectuales acerca de la plenitud y la trascendencia.

EL RECIÉN DESPIERTO EMPRENDE UNA PEREGRINACIÓN SUTIL MIENTRAS SE OCUPA DE LOS ASUNTOS DE LA MATERIA. UN CAMINO MAYOR QUE LE GUIARÁ A SUCESIVAS AMPLIACIONES DE SU MIRADA. BUSCA EL RASTRO DE SABIDURÍA QUE LE LLEVE AL ÍNTIMO RECUERDO MIENTRAS SUELTA VIEJAS COSTUMBRES Y ESTABLECE NUEVAS RELACIONES MÁS EN SINTONÍA CON SU ALMA.

SU CAMINO YA ES POR DENTRO Y POR FUERA, AHORA YA MANEJA LA SENSIBILIDAD Y LA CIENCIA. SE SIENTE CÓMPLICE DE UNA INTUICIÓN QUE LE DA SEÑALES AL DESPERTAR, CADA MAÑANA. EL DESPIERTO YA ES CONSCIENTE Y FLUYE POR ENTRE LOS PLIEGUES DE LO QUE SUBYACE TRAS LAS APARIENCIAS.

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