C.E.

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viernes, 8 de noviembre de 2013

LA VIDA, ¿QUÉ ES REALMENTE LA VIDA?

La vida son momentos de ilusión, de confianza, de amor, de amistad, de estar rodeado de personas, de tranquilidad, de pasión, de reflexión. Pero tambien en numerosas ocasiones, la vida está llena de de rencor, de dolor, de traición, de soledad…

Cada vida es diferente. Los aspectos positivos que se manifiestan en la alegría de vivir, son los que nos permiten vislumbrar el objetivo trascendente del ser humano, del espíritu en la materia: el esfuerzo por la superación personal con la confianza en nosotros mismos, y en las fuerzas de nuestro espíritu para la lucha, para el progreso constante, a nivel individual y a nivel colectivo con los demás seres que nos acompañan en la vida. 

 Es aquí, en esos momentos donde realmente se vive, donde aprendemos a mejorar, a superar nuestras limitaciones, a confiar en uno mismo. Donde cada empujón hacia delante provoca una seguridad en uno mismo que te hace ser más fuerte, que te hace ser TU MISMO. Es en este momento donde te das cuenta de las personas que realmente están a tu lado. Aquellas que te acompañan en el camino, las que te avisan cuando vas a tropezar, es más, aquellas que, incluso habiéndote avisado, te tienden su mano para que puedas levantarte. 

 Sin embargo, habrá veces en las que te encuentres solo, perdido, desamparado. Te sucederán multitud de situaciones difíciles que superar. Habrá momentos en los que nadie puede ayudarte. Habrá algunos que te hagan llorar. Habrá otros de indecisión en los que no encontrarás la solución acertada y muy probablemente te equivoques y quizás la solución esté en ti mismo. TÚ eres el dueño de tu vida, TÚ eliges quien debe acompañarte, TÚ decides como actuar, TÚ te mueves por el mundo, pero sobre todo: TÚ eres capaz de vivir TU PROPIA VIDA porque para ello existes.  

PORQUE LA VIDA ERES TÚ MISMO. 

 El progreso humano implica un constante análisis, reflexión de actitudes y posturas tomadas a fin de estudiar nuestra conducta y su proyección familiar y social. Canalicemos la fuerza del pensamiento en el análisis de las propias actitudes, sin entrar en juzgamientos y críticas por el obrar de los demás. 

Aprender a apoyarse en los buenos momentos para enfrentar aquellos que no lo son tanto, debe ser nuestra actitud para sortear con fuerza estos últimos. Para lograrlo es necesario tratar de ver y de pensar con cierta lucidez y serenidad, no juzgar nuestras actitudes erróneas, recapacitar sobre ellas para que se capitalicen en experiencias de progreso. Entendamos que el trabajo constante en la superación personal y en la valoración de nuestras fuerzas impulsivas son y serán el sostén para nuestra vida. 

Todo esto requiere, sin dudas, de un sentimiento de entrega que nos predisponga a reconocer nuestras carencias y a desear cambiarlas para abordar la vida desde la perspectiva de la sencillez y la humildad. 

Para favorecer la intuición como elemento que nos ayude a la comprensión de lo que debemos hacer, tenemos que anhelar y tratar de lograr un estado de humildad, comprendiendo que no sabemos tanto, respetando y reconociendo los conocimientos de otras personas en una tarea mutua que favorece a cada ser que la practica. Cada uno de nosotros puede ser maestro del otro en alguna circunstancia porque siempre podemos dar algo y también, recibir de los demás. 

 TODOS APRENDEMOS SI NOS DISPONEMOS A ELLO. 

La humildad es una de las virtudes más difíciles de conquistar en este plano evolutivo, ya que encierra en sí misma, la esencia del amor. 

 CUANDO PODEMOS ADMITIR CON CONFORMIDAD Y ALEGRÍA LAS VICISITUDES DE LA VIDA PROPONIÉNDONOS UN SENTIMIENTO DE TOLERANCIA Y COMPRENSIÓN AL SER QUE NOS OFRECE LUCHA, PODEMOS DECIR QUE ESTAMOS COMENZANDO A SENTIR CON HUMILDAD. 

LA HUMILDAD DEL ESPÍRITU EN SU CONCIENCIA UNIVERSAL DE PROGRESO, EL RECONOCIMIENTO DE SU IMPERFECCIÓN Y EL SABER QUE ESTÁN LATENTES EN ÉL TODAS LAS FACULTADES PARA VISLUMBRAR LA EXISTENCIA DE OTRA MANERA, CON UN ENFOQUE MÁS POSITIVO Y TRASCENDENTE.

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