C.E.

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miércoles, 20 de noviembre de 2013

LA FUNCIÓN DEL ADULTO: AYER Y HOY

CONSIDERAMOS A UNA PERSONA ADULTA CUANDO HA ALCANZADO UN ESTADO DE MADUREZ FÍSICO, PSICOLÓGICO, SOCIAL Y CULTURAL. EN EL LARGO PROCESO DE CONVERTIRSE EN PERSONA LIBRE E INDEPENDIENTE, LA MADUREZ REPRESENTA LA CULMINACIÓN, LA PLENITUD DE TODAS LAS FACULTADES QUE RESIDEN EN EL SER HUMANO.

No existen criterios científicos para establecer una línea divisoria que delimite cuándo empieza la etapa adulta: son fronteras huidizas, de contornos imprecisos.

Enrique Rojas en su libro "QUIÉN ERES?", determina tres tipos: edad adulta temprana (20 a 45 años), media (45 a 65 años), y edad adulta tardía (de 65 en adelante).

Silvia Obiols en su libro ("ADULTO EN CRISIS, JÓVENES A LA DERIVA"), retrata los cambios que se han ido produciendo en los últimos siglos en relación a la generación adulta. "Si pensamos en los adultos del siglo XIX, tanto el hombre como la mujer adulta, tenían autoridad, se les concedía derecho a coaccionar la conducta de sus hijos porque la sociedad les atribuía dicho derecho. La autoridad del hombre era considerablemente mayor ya que también era mayor su experiencia de vida en el espacio público; mientras que la mujer sólo se desarrollaba en el espacio privado y se le reconocía alguna autoridad dentro de él. La madre colaboraba activamente en mantener y acrecentar la autoridad del padre dentro de la familia, autoridad que le servía de respaldo. Tanto los hombres como las mujeres de entonces fueron educados en un sistema notablemente estructurado y muy homogéneo. La familia, las diferentes religiones y la escuela, tenían mucho en común a la hora de defender valores y proponer normas. Era un sistema organizado verticalmente, y en el tope del cual estaba el adulto. Todo niño era educado para ser un buen adulto”.

Este andamiaje hacía referencia en una educación basada en el fuerte control de los impulsos. En este marco, la adolescencia no podía ser más que un incordio. Varones y mujeres entraban así en la etapa adolescente que duraría hasta los 21 aproximadamente. En este período los jóvenes eran vistos como los exponentes de todo lo que debía ser combatido: el desborde de las pulsiones sexuales y agresivas, el apasionamiento, la rebeldía contra el poder adulto. El acceso a la edad adulta estaba determinado por el matrimonio. Por entonces, los hombres sabían lo que se esperaba de un hombre, y las mujeres lo que se esperaba de ellas. Las ropas, modas, gestos, conductas, estaban perfectamente pautadas y separadas por género. Los horarios y rutinas dirigían las casas.

A estos hombres y mujeres les tocaron épocas en las cuales las dificultades fueron económicas, bélicas, pero en la vida cotidiana sabían lo que "había" que hacer.

Lo que ocurrió en el siglo XIX y principios del XX es que hubo un fuerte deslizamiento de ese límite necesario y positivo, hacia su abuso, para creación del miedo y lograr así construir el verticalismo que la sociedad de la época exigía. 

La guerra aceleró un proceso que se venía dando a mediados del siglo pasado. El feminismo había dado pasos importantes en los años 20 y 30 pero fue en la Segunda Guerra Mundial cuando las mujeres tuvieron que protegerse solas, salir a cubrir los lugares de trabajo cuando no había hombres para hacerlo. No parece haber sido solamente la lucha de las feministas la que destruyó la figura patriarcal del hombre, en buena medida, él mismo dio un paso al costado al sentirse responsable de tanta muerte, destrucción... El resquebrajamiento de la imagen de soporte del hombre, imagen que había sostenido por siglos, dejó una enorme sensación de libertad y de orfandad. LOS JÓVENES, HOMBRES Y MUJERES QUE IBAN CRECIENDO SIN UNA AUTORIDAD FUERTE QUE LOS LIMITARA, LLENARON ESOS ESPACIOS, FUERON SUBIENDO AL ESCENARIO SOCIAL. 

En oposición a la cultura adulta fue surgiendo una cultura adolescente, que se definió por oposición a todo lo que había instituido la cultura burguesa. Se propondría ahora, la horizontalidad en las conductas y decisiones y habría que rediseñar un nuevo esquema, nuevos roles, acuerdos, pautas, trabajos compartidos. Ser adulto ya no era un ideal. Adulto pasó a ser sinónimo de viejo y como tal, desacreditado en un mundo que ponía al joven sobre un pedestal.

El cuerpo debía mantener su juventud eterna, y progresivamente, la adolescencia que duraba pocos años, se fue extendiendo, ya que dejaba de ser un lugar de pasaje para convertirse en un sitio del cual no había que salir nunca. La situación se presentaba difícil: se trataba de criar a los hijos de manera diferente a la propia, lo que no era sencillo era saber de qué manera se debía hacer. La ruptura del molde educativo rígido permitía nuevas libertades, pero también provocaba la angustia de no saber qué hacer. Un nuevo modelo se acercaba: con sus temores, sus tanteos, aciertos y desaciertos.

Un efecto notorio que ha producido este cambio cultural fue el de modificar la duración de las etapas de la vida. En la segunda mitad del siglo XX las cosas cambiaron: la infancia se acortó, ya que a los 9-10 años los chicos comienzan a ser estimulados para la pre-adolescencia: desde la ropa, la música, el chat; la adolescencia se extiende desde la pubertad hasta un punto mal definido que puede llegar hasta los 30 años, o no terminar nunca, porque ya no hay necesidad de salir de ella, dado que es 

"LO IDEAL". ANTE ESTA SITUACIÓN DE EXALTACIÓN Y DESEO DE PROLONGACIÓN DE ESTA ETAPA ADOLESCENTE DE VIDA. ¿CUÁL ES LA POSICIÓN DE LOS ADULTOS? 

Los adultos hemos ido reaccionando de diferente manera. Hay quienes se sumaron totalmente a la cultura adolescente sin tomar en cuenta que su manera de absorberla será distinta por cuestiones de edad, de experiencia, de saber. Hay quienes la niegan, sin dejar ni un resquicio para tratar de conocerla. Hay quienes dejan de lado lo recibido en su momento, sin tampoco identificarse con lo nuevo, quedando casi vacíos de cultura. 

El lugar del adulto padece ocupar en nuestros días un lugar de relativa importancia: se le da menos valor a la experiencia, al saber, a veces se convierte, según manifiesta Fernando Savater en su libro ("LOS DIEZ MANDAMIENTOS EN EL SIGLO XXI), en un obstáculo. Ser joven se ha convertido en un valor en sí mismo. Hacia allí apuntan las nuevas publicidades, la estética, las demandas. 

Es importante recapturar la imagen adulta con lo que ésta aporta en su caudal específico de conocimiento, experiencia, madurez. La persona con un buen equilibrio psicológico acepta de buen grado que los años pasan y que cada época tiene sus alicientes, atractivos y desafíos. Estar en realidad es un síntoma de equilibrio, de madurez, de buena concordancia entre la edad física y mental. Es un conjunto de conexiones armónicas entre el pasado y el futuro, pero siempre con la mirada puesta en el porvenir. 

Expresa Enrique Rojas: "HOY SABEMOS QUE LA MEJOR EDAD INTELECTUAL NO SE ENCUENTRA EN TORNO A LOS 20-25 AÑOS, SINO MÁS TARDE, DEBIDO SOBRE TODO A LA EXPERIENCIA DE VIDA". 

Así, los tipos de inteligencia sintética, social, verbal e instrumental (orden, constancia, motivación y voluntad) mejoran con los años y señalan la importancia psicológica que tienen los esfuerzos, el aprendizaje y la expresión de los sentimientos. El juicio se afina y adquiere mayor precisión, hay criterios más firmes, más sutiles y más ricos; la utopía y el desencanto, muestran una cara más real y auténtica; el estado de ánimo se estabiliza y pierde esas oscilaciones tan habituales en años anteriores. En conclusión, el proyecto de vida queda sujeto a la propia andadura. Muchos de los puntos de vista de nuestros años más jóvenes se mantienen, pero con puntualizaciones y características propias de los sucesos que se han ido viviendo.

SEGÚN EXPRESABA KANT: "SOMOS SIEMPRE EL MISMO, PERO NO SOMOS SIEMPRE LO MISMO". La madurez nos permite dejar de lado la hojarasca y lograr la verdadera identidad personal. Así las experiencias se van situando correctamente en nuestro mapa interior, se asimilan, se recopilan en una apretada síntesis, que resume la biografía. Hoy se sabe que la personalidad va evolucionando y que hay dos facetas importantes: la afectividad y la inteligencia. 

Es alrededor de los 50 años cuando se va alcanzando un mayor equilibrio afectivo. Las emociones primarias (súbitas, bruscas, de escaso control) disminuyen y aumentan las reacciones emotivas secundarias (más elaboradas, menos inmediatas, más reflexivas) así como su intensidad, si bien las personas son capaces de gobernarlas mejor.

ES EVIDENTE QUE LA MADUREZ NO PUEDE SER ENTENDIDA NUNCA COMO UN DESTINO DEFINITIVO AL QUE UNO LLEGA Y EN EL QUE SE ESTABLECE. HAY QUE VERLA COMO UN CAMINO SIEMPRE MEJORABLE, UN PROCESO DE CONOCIMIENTO E INDEPENDENCIA GRADUAL, PROGRESIVO, SECUENCIAL, QUE VA PULIÉNDOSE CON LOS AÑOS. DE AHÍ QUE SEA MÁS PRUDENTE HABLAR DE GRADOS DE MADUREZ: SON MOMENTOS DE DISCERNIMIENTO Y LUCIDEZ EN EL VAMOS ENTENDIENDO QUÉ ES VIVIR. 

EL ADULTO DE HOY FUE TAMBIÉN EL ADULTO DE AYER: CADA UNO INSERTO EN SU PROPIO CONTEXTO Y CIRCUNSTANCIA. FORMAMOS PARTE DE MOVIMIENTOS PENDULARES CON LOS QUE LA HUMANIDAD SE DESPLAZA, PRUEBA, CRECE.

EL ANDAR DE LAS PERSONAS GENERACIÓN TRAS GENERACIÓN, HACE SUS PROCESOS NECESARIOS, INEVITABLES, COMO PASOS IMPULSORES QUE INDIVIDUAL Y COLECTIVAMENTE, NOS ENCAMINAN HACIA EL PROGRESO, HACIA LA BÚSQUEDA DE LA FELICIDAD.

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