C.E.

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miércoles, 2 de octubre de 2013

LA ESCALA DE VALORES

EXISTE UNA CONOCIDA Y REPETIDA FRASE CON VALOR DE SENTENCIA: "EN LA SOCIEDAD HAY CRISIS DE VALORES". Esto que se oye a diario en la escuela, la familia y a través de los medios de comunicación, parte de la confrontación práctica y cotidiana con la realidad y las conductas humanas que están inmersas en ella.

Es cierto que la tan mentada crisis de valores existe, droga, corrupción, violencia, libertinaje, sobre valoración del cuerpo, escapismo a todo tipo de responsabilidades que signifiquen compromiso personal o trabajo... Males y vicios que siempre han existido, porque siempre hubo historia, hombres, movimientos, cambios, evolución, en consecuencia siempre algo se rompía y algo se reconstruía.

A pesar de ello, cada época tiene su crisis, con su toque específico. Nos toca determinar en qué consiste la de nuestro tiempo que pareciera renovarse con juveniles bríos.

Estamos inmersos en esta sociedad, cuyas pautas valorativas parecieran distanciarse de los dictados de la ética moral. Hoy se proponen dos grandes seudo valores: 

 -EL VALOR ECONÓMICO: el que tiene más, tiene más poder. 

 -EL VALOR ESTÉTICO: que postula la cultura del cuerpo bello, delgado, musculoso.

Este diagnóstico sumamente globalizador, no debiera sumirnos en el pesimismo, ni tampoco debería quedar en la verbalización, sino que debe implicar compromisos de acción, de cambio, cada uno desde el lugar que le corresponda, con las posibilidades que tenga a su alcance. No se trata de iniciar a una batalla quijotesca contra molinos de viento, se trata, de desarrollar posturas más comprometidas de transformación, con juicio crítico, respeto y dominio de sí mismo. 

Si la sociedad está en crisis como se percibe constantemente, es simplemente porque el ser humano está padeciéndola, la sociedad no es algo ajeno a nosotros, por este motivo debemos tener la responsabilidad y el sentido social de ser agentes activos para mejorarla.

Por ello es necesario que aunque muchas veces intuido, sepamos claramente qué se entiende por valores.

Veremos que hubo tiempos y culturas que revalorizaron actitudes que fueron modificándose y/o dejándose de lado: conductas y conceptos de otras épocas (el honor debía ser defendido con las armas, la obediencia ciega de los hijos hacia sus padres, etc.

El progreso, las transformaciones inmersas en la cultura y el tiempo, ubicó otras formas de vida y esos seudos valores, fueron desplazados.

En su lugar se fueron integrando otros conceptos que conforman la conducta humana en esta crisis actual y que nos lleva al interrogante: ¿es que acaso los valores hoy se perdieron?

Es posible encontrarlos y es posible revitalizarlos y rescatar de ellos los valores inmutables que sustentaron y sustentarán siempre la vida moral. "EL SER HUMANO NECESITA EN SU CAMINO, CIERTAS SEÑALES, GUÍAS MORALES QUE LO AYUDEN A SITUARSE Y LO IMPULSEN HACIA UN PROCESO DE TRANSFORMACIÓN POSITIVO.

El espíritu no puede retroceder en su trayecto evolutivo, es cierto que a veces se estanca, produce demoras, reclama inconscientemente experiencias repetitivas, pero siempre progresa. Estos cambios a veces impulsados por efectos pendulares, producen dudas en la conciencia, pero siempre se sale adelante. Ellos son el toque de atención en el vivir, llaman a la acción, a la preocupación y al esfuerzo solidario, que en suma es el progreso humano. Los derechos humanos, tan reclamados por los seres de todas las naciones, constituyen la preocupación de los hombres de bien que invitan a los otros a retomar la senda, a unirse a los otros en el continuo fluir de la vida. Por ello, pensemos en qué valores sustentamos las posibilidades de cambio.

Estamos hablando del impulso de bien y progreso emanados, no ya de aquellos valores circunstanciales de épocas anteriores, sino de los valores trascendentales. Son los inmutables, los que siempre estuvieron, los que soportaron todos los embates y seguirán firmes, porque el mundo es textura de valores y aunque a veces ocultos, ellos deben erigirse en luces de conducta y de pensamiento. En la toma de decisiones necesitamos un eje, una guía que vitalice en nuestra conciencia aquello que es una verdad, un bien inamovible, un valor. Porque no todo es lo mismo, porque no todo da igual. Reconocida su importancia y necesidad, es factible, que surja angustia y desorientación de la que todos hemos sido víctimas muchas veces, cuando carecemos de esa eje o guía.

El ser humano necesita ese parámetro ético porque de lo contrario, no se sabe qué elegir y no se hace lo que se quiere o se debe, sino más bien, se obra al azar o se elige lo que otros eligen, porque es más cómodo, o para no tener que pensar. De allí se deduce la necesidad del conocimiento de lo que configuran estos valores y su urgente adquisición a fin de no quedar a merced de criterios y pautas ajenas. Hacemos hincapié en estos valores perdurables o macrovalores como una posibilidad de replantearse: qué somos, qué queremos para nuestra vida y la de nuestros hijos, si actuamos siempre en función de lo que comprendemos que está bien o nos dejamos influenciar demasiado por los demás.

ESTOS SON NO SÓLO ALGUNOS INTERROGANTES QUE COMO SERES MORALES TENDRÍAMOS QUE HACERNOS MÁS FRECUENTEMENTE A FIN DE DARLE, A ESTA MARAVILLOSA OPORTUNIDAD DE PROGRESO QUE ES LA VIDA, UN SENTIDO MÁS TRASCENDENTE, QUE NOS PERMITA REDESCUBRIRNOS EN FUNCIÓN DEL SEMEJANTE Y DE NUESTRO COMPROMISO DE VIDA.

PORQUE ALCANZAR ESO TAN IDEAL A VECES QUE IMPLICA LA FELICIDAD, NO DEBE SER UNA UTOPÍA, SINO UNA LUZ QUE GUÍA UNA VIDA ENCAUZADA EN EL MACROVALOR POR EXCELENCIA: EL AMOR EN TODAS SUS FORMAS. 

Abordar el tema de los valores implica, como ya hemos visto, realizar una necesaria escala o jerarquía que, aunque sujeta a modificaciones a veces, nos sirva de marco moral donde poder encuadrar nuestras acciones y actitudes. 

El primer valor que ubicamos es el de la vida: es el punto de partida de toda programación de valores ya que significa lo más preciado del ser humano, en tanto que es una oportunidad divina de progreso y evolución. Apreciar y respetar la vida debería ser nuestra actitud cotidiana, manifestada de múltiples formas, que van desde el cuidado de nuestro cuerpo, de lo que nos rodea, hasta el agradecimiento profundo por ser parte activa de ella.

De ella emana la dignidad del ser humano, porque se deben favorecer las condiciones que posibiliten que el individuo pueda desarrollarse en su diario vivir, adquirir nuevas experiencias, crecer, reír, y hasta sufrir a veces, pero con dignidad. Como contravalor encontramos la degradación, la humillación, el sometimiento y la violencia. 


La dignidad humana es una expresión del ser en relación con otros, es decir, que una persona adquiere su dignidad humana al encontrarse con los demás en una relación de igualdad y pierde su dignidad, cuando degrada o es degradada por los otros.

Y ES AQUÍ, EN EL MACRO VALOR DE LA DIGNIDAD HUMANA DE DONDE SE DESPRENDEN OTROS VALORES NO POR ELLO MENOS TRASCENDENTES, SINO QUE SE ENGLOBAN Y NUTREN DEL PRIMERO. ELLOS CONSTITUYEN LA ESENCIA DEL "SER HOMBRE", Y LO DISTINGUEN COMO TAL. ALGUNOS DE ELLOS SON: LA LIBERTAD, IGUALDAD, JUSTICIA, RESPONSABILIDAD, HONRADEZ, SOLIDARIDAD, TRABAJO, RESPETO.

Todos ellos constituyen la vida moral que parte de la Ley divina, son los principios y bases éticas sobre los que se asienta y debería asentarse la conducta del hombre. Ellos fortalecen las decisiones de bien del espíritu, alimentan la voluntad férrea de progreso, impulsan los quejidos anárquicos y violentos en acciones conductivas del bien que se comprende como una verdad inamovible, ajena a vaivenes culturales, políticos, sociales.

Superiores y trascendentes a todo ello, estos valores se convierten en luz para el espíritu que busca señales claras en su vida cuando a veces la confusión o la duda lo persiguen.

Todos los valores antes mencionados se interrelacionan y comunican en una tarea solidaria de evolución. Sin algunos es imposible la consecución de otros: LA SOLIDARIDAD NO SE CONCIBE AJENA A LA HONRADEZ Y AL DEBER MORAL. LA JUSTICIA ES IMPENSABLE SIN IGUALDAD Y LIBERTAD.

Y así podemos inferir las extensas y múltiples relaciones y comunicaciones que se establecen, porque todas contribuyen a la esencia de la dignidad de la persona, que es la dignidad de una vida plena, no de goces materiales sino de posibilidades de crecimiento espiritual. 

ESTA PERCEPCIÓN DE LA VIDA, QUE SI BIEN NO ES COMPATIBLE CON TODOS LOS SERES PUESTO QUE DEPENDE DEL NIVEL EVOLUTIVO ALCANZADO, DEL GRADO DE RESPONSABILIDAD Y CONOCIMIENTO, DEBERÁ IR DESARROLLÁNDOSE DE DIFERENTE MANERA, PERO SIEMPRE IMPULSADA POR EL VIGOR QUE EMANA DE LAS LEYES SUPERIORES. 

 Estar en búsqueda de cuáles son los valores que deberían acompañar nuestra vida, es estar en búsqueda con uno mismo, con el interior, con la conciencia y encontrar en ella, palpitando, a la espera de ser redescubiertos por el hombre, dos macro valores de la vida: la paz y el amor. Ellos conforman la unión de todos los anteriores, se sintetizan, se reúnen y se jerarquizan en los valores por excelencia. 

EL AMOR Y LA PAZ, QUE PARECEN AUSENTES EN NUESTRO ESCENARIO MUNDIAL, AGUARDAN SIN EMBARGO, ALBERGARSE EN CADA CORAZÓN HUMANO, SIN DISTINCIÓN ALGUNA, CON LA FUERZA PODEROSA NECESARIA PARA MANIFESTARSE, CUANDO SE NECESITA. 

TIENE EL SER HUMANO LA RESPONSABILIDAD TRASCENDENTE DE ANALIZAR SUS ACTOS, REFLEXIONAR SOBRE SUS ACTITUDES COTIDIANAS, INDAGAR SOBRE LA NATURALEZA DE SUS PENSAMIENTOS, PARA IR DESCUBRIENDO QUE ES UN SER RESPONSABLE DE LO QUE ELIGE SER Y HACER CON SU VIDA Y A VECES, CON LA VIDA DE LOS DEMÁS. SÓLO ASÍ, CON ESTA ACTITUD DE SERENA REFLEXIÓN, PODRÁ PROPICIAR MÁS PAZ Y AMOR EN SUS SENTIMIENTOS Y MÁS FELICIDAD EN SU EXISTENCIA.

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