C.E.

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miércoles, 7 de agosto de 2013

BUSCAR LA FELICIDAD

“EN LA MAYORÍA DE LOS CASOS, LO QUE LLAMAMOS NUESTRAS LIMITACIONES NO SON MÁS QUE NUESTRA PROPIA DECISIÓN DE LIMITARNOS”.

Vivimos inmersos en un mundo donde prevalece el bombardeo de información, el auge de las revistas del corazón, programas televisivos dedicados a hurgar en las intimidades de historias personales o mostrarnos también, la importancia de ser divertidos o desprejuiciados.

Nos enfrentamos al enjuiciamiento de todos sobre todo, sin una reflexión analítica, argumentada de los hechos y sus motivaciones.
Pero más grave y mucho más profundo que todo eso, es la angustia, la incertidumbre que nos sacude por estos días, con la fuerza de algo incontenible y abrumador que nos deja impotentes para la lucha.

Hoy, más que nunca, puede parecer un anhelo algo lejano querer alcanzar la felicidad, un deseo desajustado para estos tiempos que corren.

A PESAR DE ELLO, Y TAL VEZ POR ELLO, TODOS BUSCAMOS LA FELICIDAD PORQUE ES UN DERECHO Y UN DEBER QUE NACE EN LA ESENCIA ESPIRITUAL DEL SER HUMANO.

Es cierto que todos tenemos ese derecho, pero también es muy cierto que "no todos lo ejercen, sino que hay sabotajes y prohibiciones, tanto externos como internos. Las prohibiciones externas derivan de las condiciones que vivimos: persecución, miseria; pero hay otras prohibiciones cuyo origen es interno y nos impiden ser felices aunque tengamos esa posibilidad".

Las circunstancias externas que nos dificultan alcanzar ese estado de serenidad y alegría, son por todos conocidas: en un país en ebullición económica y social como el nuestro, donde los jubilados reclaman atención, los jóvenes y adultos trabajo, seguridad, justicia y tantas otras cosas que hacen la dignidad de la persona, la felicidad parece ser una meta lejana.

Sin embargo, debemos procurar que la desesperanza y el pesimismo no nos invadan, debería ser nuestro objetivo en estos días: apoyándonos en la familia, en los afectos, en las fuerzas espirituales que cada uno tenemos, fuerzas cimentadas en la perseverancia en el obrar y en el pensar acorde al bien que se comprende.

Todos buscamos la felicidad, pero nunca es un regalo. Hay que conquistarla y trabajarla con ilusión. Debemos encontrar un proyecto de vida que nos llene lo suficiente como para que motive nuestra trayectoria y justifique la lucha.

Un modelo realista y posible a cada uno. Plantearse grandes objetivos de vida que no concuerdan con la personalidad, las fuerzas y las posibilidades de cada uno, sólo puede ocasionar frustración y angustia.

La felicidad se asocia entonces con la fidelidad, es decir lealtad a los principios morales, perseverancia en los ideales nobles, tenacidad en mantener los criterios de conducta a pesar de los oleajes y vaivenes de tantas circunstancias que se nos presentan. "LA FELICIDAD NO SE DA EN EL SUPERHOMBRE SINO EN EL HOMBRE VERDADERO".

Intentemos pensar la felicidad como un camino, una trayectoria y no como un logro inmediato, una conquista material que implique "tener más", sino "SER MÁS", en cuanto a sujeto moral que educa su conciencia y se proyecta a los demás con el vigor de una fuerza superior orientada en los valores trascendentes de la vida.

ENTONCES LA FELICIDAD SE PODRÁ ASOCIAR A LA PAZ INTERIOR, A LA SERENIDAD DEL ALMA QUE SABE QUE OBRA Y PIENSA EN CONSECUENCIA A LO QUE CREE QUE ESTÁ BIEN.

Manifiesta Jorge Bucay: "LA FELICIDAD DE UN BUSCADOR ES RECORRER EL CAMINO, ES ANIMARSE A DESCUBRIR LA VIDA CADA DÍA, ES ANIMARSE A VIVIRLA, A TOCARLA, Y TAMBIÉN ES ANIMARSE A PADECER LO QUE HAYA QUE PADECER (...). LA FELICIDAD NO ES UNA CANCIÓN, SINO SABER QUE SOY CAPAZ DE CANTAR".

Quizás, podamos comprender que la felicidad del alma está dada en la paz de la conciencia del que sabe que transita el camino correcto, en la serenidad de los pensamientos, en la satisfacción por las cosas sencillas de la vida y en el sentimiento íntimo de gratitud.

Gratitud por todo lo que se tiene en afectos, en conocimiento, en posibilidades de crecimiento espiritual. El ser agradecido ante la vida, a pesar de todo lo que está presente, se educa espiritualmente y transmite en su entorno este sentimiento tan noble que lo dignifica.

Buscar la felicidad entonces, implica volver la mirada sobre nosotros mismos para analizar cómo pensamos, cómo sentimos, qué podemos hacer por los otros y en esa reflexión serena de la existencia, encontrar la paz y la alegría por permitirnos revalorizar las cosas importantes de la vida. 

 "MUY FRECUENTEMENTE NOS OLVIDAMOS DE QUE LA FELICIDAD NO LLEGA COMO RESULTADO DE OBTENER ALGO QUE NO TENEMOS, SINO AL RECONOCER Y APRECIAR LO QUE YA TENEMOS". (FREDERICK KOENIG).

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