C.E.

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miércoles, 23 de mayo de 2012

INVENTARIO FINAL

Imagínate que La vida es como una empresa. Se trata de contar con unos recursos, en este caso con nuestra particular caja de herramientas donde están todos nuestros talentos, con un proyecto, que puede centrarse en nuestros objetivos a corto o largo plazo, una dedicación, tiempo de entrega a cada fase del proyecto vital, el necesario compromiso con nosotros mismos y los compromisos con todos aquellos/as que encontraremos a lo largo de la aventura de vivir y de llevar a la práctica las claves del camino que serán las que siempre nos recuerden, la intención inicial.

Al final, lo que todos deseamos es un saldo positivo del plan de vida original, que en la aventura de la vida se resume en muy pocas palabras: ser feliz.

Es decir que cuando hagamos el inventario final, el saldo de momentos felices a lo largo de nuestra vida, sea mayor que el saldo de momentos no tan felices.

Para ello, hay que entender el mensaje que traemos con nosotros cuando llegamos a este mundo. Somos un abanico de experiencias esperando a desplegarse para aprender las vivencias emocionales más increíbles.

Ser feliz no es sinónimo de tener mayor cantidad de objetos, ni mejores condiciones materiales, ni siquiera posición social o poder vital.

Hay personas que teniéndolo todo se cambiarían por el que puede sonreír abiertamente o el que tiene ilusión por los detalles más simples.

Al igual que venimos con la consigna en nuestra mente y nuestro corazón de la necesidad de ser feliz, llegamos también sabiendo serlo con cualquier cosa. Los niños ejercitan a las mil maravillas esta disponibilidad porque están abiertos al mundo.

Nadie les es extraño, nada les parece poco, nada les sobra tampoco. Son capaces de emocionarse con lo insignificante y hacen de ello una razón inmediata para ser feliz al instante.

Eso es lo que necesitamos, razones simples que nos hagan ilusionarnos por cada tramo del día. Con la edad nos vamos olvidando de lo necesario que es dejar pasar los rayos del sol a través de nuestra ventana.

De permitir que se posen sobre la piel del alma y de conseguir que iluminen nuestra sonrisa olvidada en los problemas que nos asolan a diario.

Voy a contaros un breve cuento que tiene mucho que decir en este canto a la felicidad, tan importante es saber que no es necesario acumular riquezas para ser feliz, como que tampoco debemos no ser felices por lo que los demás hacen o dicen: ...

Maestro, ¿qué debo hacer para no sentirme mal y estar siempre feliz?.. Algunas personas hablan demasiado, otras son ignorantes. Algunas son indiferentes. Siento odio por aquellas que son mentirosas y sufro con aquellas que calumnian.

¡Pues, vive como las flores!, advirtió el maestro.

Y ¿cómo es vivir como las flores?, preguntó el discípulo.

Pon atención a esas flores -continuó el maestro, señalando unos lirios que crecían en el jardín.

Ellas nacen en el estiércol, sin embargo son puras y perfumadas.

Extraen del abono maloliente todo aquello que les es útil y saludable, pero no permiten que lo agrio de la tierra manche la frescura de sus pétalos.

Es justo angustiarse con las propias culpas, pero no es sabio permitir que los vicios de los demás te incomoden. Los defectos de ellos son de ellos y no tuyos. Y si no son tuyos, no hay motivo para molestarse...

Ejercita pues, la virtud de rechazar todo el mal que viene desde afuera y perfuma la vida de los demás haciendo el bien.

Vive como las flores y siempre estarás feliz ayudando a los demás a estarlo también.

Ser feliz siempre es una DECISIÓN que no podemos dejar que dependa de las circunstancias.

No debemos, tampoco, entregar la llave de esa felicidad a un carcelero que desde ese momento sea dueño de ella.

Hay que ejercitar todo un aprendizaje paulatino que nos enseñe a tomar actitudes diferentes donde solemos poner acritud, malos gestos y peores palabras.

Que en definitiva, nos deje convencidos de que nada ni nadie puede cambiar lo que decidamos en nuestro interior y que esa seguridad sea nuestra fuerza, el motor de nuestro espíritu.

Me gustaría terminar mi tiempo con un inventario positivo cuyo cómputo temporal sea algo más que unos días…

Y eso solo depende de mí de saber a lo largo de mi vida crear las circunstancias que hagan posible que mis deseos de tener un inventario positivo al final se puedan lograr.

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