C.E.

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martes, 12 de julio de 2011

¿LOS ACTOS DE PODER? O ¿EL PODER DE LOS ACTOS?

¿CREES QUE TIENES MUCHO TIEMPO...?

CUANDO UNO INTUYE QUE ESTÁ LLEGANDO AL FINAL DEL CAMINO, TODO LO QUE HACE O SIENTE SE MANIFIESTA EN UNA DIMENSIÓN DIFERENTE, ES MÁS CONSCIENTE, MAS DESPIERTO, MÁS PROFUNDO, EN DEFINITIVA UNO MISMO.

POR ESO COMPARTO CON USTEDES ESTE FRAGMENTO DE CONVERSACIÓN ENTRE CARLOS CASTANEDA Y SU MAESTRO DON JUAN, PORQUE EN EL EXPLICA DON JUAN, MEJOR QUE YO LO QUE SON LOS….”ACTOS DE PODER”

DIALOGO ENTRE CARLOS CASTANEDA Y SU MAESTRO DON JUAN

"Don Juan me examinó con curiosidad y rió. Dijo, en tono muy bondadoso, que ya me había dicho que todos somos unos tontos. Yo no era la excepción.

Siempre te sientes obligado a explicar tus actos, como si fueras el único hombre que se equivoca en la tierra -dijo-. Es tu viejo sentimiento de importancia. Tienes demasiada; también tienes demasiada historia personal. Por otra parte, no te haces responsable de tus actos; no usas tu mente como consejera y, sobre todo, eres demasiado accesible. En otras palabras, tu vida sigue siendo el desmadre que era cuando te conocí.

De nuevo tuve un genuino empellón de orgullo y quise rebatir sus palabras. Él me hizo seña de callar.

-Hay que hacerse responsable de estar en un mundo extraño -dijo-. Estamos en un mundo extraño, has de saber.
Moví la cabeza en sentido afirmativo.

-No estamos hablando de lo mismo -dijo él-. Para ti el mundo es extraño porque cuando no te aburre estás enemistado con él. Para mí el mundo es extraño porque es estupendo, pavoroso, misterioso, impenetrable; mi interés ha sido convencerte de que debes hacerte responsable por estar aquí, en este maravilloso mundo, en este maravilloso desierto, en este maravilloso tiempo. Quise convencerte de que debes aprender a hacer que cada acto cuente, pues vas a estar aquí sólo un rato corto, de hecho, muy corto para presenciar todas las maravillas que existen.

Insistí que aburrirse con el mundo o enemistarse con él era la condición humana.

-Pues cámbiala -repuso con sequedad-. Si no respondes al reto, igual te valdría estar muerto.

Me instó a nombrar un asunto, un elemento de mi vida que hubiera ocupado todos mis pensamientos. Dije que el arte. Siempre quise ser artista y durante años me dediqué a ello. Todavía conservaba el doloroso recuerdo de mi fracaso.

-Nunca has aceptado la responsabilidad de estar en este mundo impenetrable -dijo en tono acusador-. Por eso nunca fuiste artista, y quizá nunca seas cazador.

-Hago lo mejor que puedo, don Juan.

-No. No sabes lo que puedes.

-Hago cuanto puedo.

-Te equivocas otra vez. Puedes hacer más. Hay una cosa sencilla que anda mal contigo: crees tener mucho tiempo.
Hizo una pausa y me miró como aguardando mi reacción.

-Crees tener mucho tiempo -repitió.

-¿Mucho tiempo para qué, don Juan?

-Crees que tu vida va a durar para siempre.

-No. No lo creo.

-Entonces, si no crees que tu vida va a durar para siempre, ¿qué cosa esperas? ¿Por qué titubeas en cambiar?.

-¿Se le ha ocurrido alguna vez, don Juan, que a lo mejor no quiero cambiar?.

-Sí, se me ha ocurrido. Yo tampoco quería cambiar, igual que tú. Sin embargo, no me gustaba mi vida; estaba cansado de ella, igual que tú. Ahora no me alcanza la que tengo.
Afirmé con vehemencia que su insistente deseo de cambiar mi forma de vida era atemorizante y arbitrario. Dije que en cierto nivel estaba de acuerdo, pero el mero hecho de que él fuera siempre el amo que decidía las cosas me hacía la situación insostenible.

-No tienes tiempo para esta explosión, idiota -dijo con tono severo-. Esto, lo que estás haciendo ahora, puede ser tu último acto sobre la tierra. Puede muy bien ser tu última batalla. No hay poder capaz de garantizar que vayas a vivir un minuto más.

-Ya lo sé -dije con ira contenida.

-No. No lo sabes. Si lo supieras, serías un cazador.
Repuse que tenía conciencia de mi muerte inminente, pero que era inútil hablar o pensar acerca de ella, pues nada podía yo hacer para evitarla. Don Juan río y me comparó con un cómico que atraviesa mecánicamente su número rutinario.

-Si ésta fuera tu última batalla sobre la tierra, yo diría que eres un idiota -dijo calmadamente-. Estas desperdiciando en una tontería tu acto sobre la tierra.
Estuvimos callados un momento. Mis pensamientos se desbordaban. Don Juan tenía razón, desde luego.

-No tienes tiempo, amigo mío, no tienes tiempo. Ninguno de nosotros tiene tiempo -dijo.

-Estoy de acuerdo, don Juan, pero...

-No me des la razón por las puras -tronó-. En vez de estar de acuerdo tan fácilmente, debes actuar. Acepta el reto. Cambia.

-¿Así no más? .

-Como lo oyes. El cambio del que hablo nunca sucede por grados; ocurre de golpe. Y tú no te estás preparando para ese acto repentino que producirá un cambio total.
Me pareció que expresaba una contradicción. Le expliqué que, si me estaba preparando para el cambio, sin duda estaba cambiando en forma gradual.

-No has cambiado en nada -repuso-. Por eso crees estar cambiando poco a poco. Pero a lo mejor un día de éstos te sorprendes cambiando de repente y sin una sola advertencia. Yo sé que así es la cosa, y por eso no pierdo de vista mi interés en convencerte.
No pude persistir en mi argumentación. No estaba seguro de qué deseaba decir realmente. Tras una corta pausa, don Juan reanudó sus explicaciones.

-Quizás haya que decirlo de otra manera -dijo-. Lo que te recomiendo que hagas es notar que no tenemos ninguna seguridad de que nuestras vidas van a seguir indefinidamente. Acabo de decir que el cambio llega de pronto, sin anunciar, y lo mismo la muerte. ¿Qué crees que podamos hacer?.
Pensé que la pregunta era retórica, pero él hizo un gesto con las cejas instándome a responder.

-Vivir lo más felices que podamos -dije.

-¡Correcto! ¿Pero conoces a alguien que viva feliz?
Mi primer impulso fue decir que sí; pensé que podía usar como ejemplos a varias personas que conocía. Pero al pensarlo mejor supe que mi esfuerzo sería sólo un hueco intento de exculparme.

-No -dije-. En verdad no.

-Yo sí -dijo don Juan-. Hay algunas personas que tienen mucho cuidado con la naturaleza de sus actos. Su felicidad es actuar con el conocimiento pleno de que no tienen tiempo; así, sus actos tienen un poder peculiar; sus actos tienen un sentido de...
Parecían faltarle las palabras. Se rascó las sienes y sonrió. Luego, de pronto, se puso de pie como si nuestra conversación hubiera concluido. Le supliqué terminar lo que me estaba diciendo. Volvió a sentarse y frunció los labios.

LOS ACTOS TIENEN PODER -DIJO-. SOBRE TODO CUANDO LA PERSONA QUE ACTÚA SABE QUE ESOS ACTOS SON SU ÚLTIMA BATALLA.

HAY UNA EXTRAÑA FELICIDAD ARDIENTE EN ACTUAR CON EL PLENO CONOCIMIENTO DE QUE LO QUE UNO ESTÁ HACIENDO PUEDE MUY BIEN SER SU ÚLTIMO ACTO SOBRE LA TIERRA.

TE RECOMIENDO MEDITAR EN TU VIDA Y CONTEMPLAR TUS ACTOS BAJO ESA LUZ."

CARLOS CASTANEDA.

¿DE DÓNDE SALE ESE PODER QUE TIENE QUE ESTAR EN TODOS NUESTROS ACTOS?
Quizá de un poco de todos estos poderes que estando dentro de nosotros no somos capaces de aplicarles en nuestro día a día en toda su plenitud.

ESOS PODERES A LOS QUE ME REFIERO SON:

1 El poder del pensamiento.

El amor comienza con el pensamiento. Nos convertimos en lo que pensamos. Los pensamientos amorosos crean experiencias y relaciones amorosas. Las actitudes sinceras y positivas cambian nuestras creencias, sentimientos y pensamientos acerca de nosotros mismos y de los demás. Si quieres amar a alguien, debes tener en cuenta sus necesidades y deseos. Pensar en tu pareja ideal te ayudará a reconocerla cuando entre en tu vida. Pero todo empieza con uno mismo; aprende a amarte cada día, a ser feliz en la soledad, a cuidarte. Cuando estés seguro, cuando te sientas lleno de cualidades positivas, podrás compartirlas con la persona que amas, nunca antes.

2 El poder del respeto.

No puedes amar a nadie a menos que antes lo respetes. La primera persona que merece tu respeto eres tú. Para recuperar el respeto por ti mismo hazte la pregunta: ¿qué respeto en mí? Para respetar a los demás, incluso a las personas que te desagradan, pregúntate: ¿qué respeto de ellos? Recuerda que las personas que te desagradan reflejan cosas inconscientes de ti que te desagradan. Por tanto, no trates de cambiar a nadie, cámbiate a ti mismo. Un proverbio chino, dice: antes de salir a salvar el mundo dale tres vueltas a tu propia casa.

3 El poder de la entrega.

Si deseas recibir amor, ¡todo lo que tienes que hacer es darlo! Cuanto más amor brindes, más recibirás. Amor es entrega voluntaria e incondicional. Practica al azar actos de bondad. Cuando te comprometas a una relación, no te preguntes por lo que la otra persona te puede dar, sino por lo que tú puedes aportarle a ella. La fórmula secreta de una relación amorosa, sana, feliz y duradera es centrarse siempre en lo que puedes ofrecer en vez de en lo que puedes sacar. Como dijo el maestro Jesús: ama a tu prójimo como a ti mismo. Ese mensaje, y no otro, es lo que nos hace ser verdaderos cristianos, ser verdaderas personas y vivir una auténtica vida. ¡Qué no te engañe nadie el amor no tiene precio!

4 El poder de la amistad.

Para encontrar un amor verdadero, primero debes encontrar un verdadero amigo. El amor no consiste en mirar a los ojos del otro, sino en mirar juntos en la misma dirección. Amar de verdad es aceptar a alguien por lo que es y no por lo que tiene o por su aspecto físico. La amistad es la tierra en la que la semilla del amor crece. Si deseas recoger amor en una relación, primero debes sembrar amistad.

5 El poder del contacto físico.

El contacto físico modifica una de las expresiones más poderosas del amor que existe, destruye barreras y crea vínculos entre la gente. El contacto físico altera nuestro estado corporal y emocional y nos hace más receptivos al amor; cuando la intimidad crece, podemos ahondar en nuestra pareja. El contacto físico nos ayuda a que el cuerpo sane, y enternece el corazón. Cuando abres tus brazos, estás abriendo tu corazón, te estás abriendo a la vida. El sexo sólo es verdadero, gratificante y sincero cuando el amor es completo.

6 El poder del desprendimiento.

Si amas algo déjalo libre, no seas posesivo. Si vuelve es tuyo; si no lo hace, nunca lo fue. Incluso dentro de una relación amorosa, la persona necesita su propio espacio. Si queremos aprender a amar, primero debemos aprender a vivir en soledad, debemos aprender a perdonar, a sanar nuestras heridas, a soltar los sufrimientos del pasado. Cada relación es única. Cada nueva relación te recrea, te hace una persona distinta al abrirte a un mundo nuevo, el otro. Por tanto, no encadenes tu presente a tu pasado. Amar significa desprendernos de nuestros prejuicios, apegos, del ego y de los condicionamientos. Hoy dejo atrás todos mis miedos, el pasado ya no tiene poder sobre mí; hoy es el comienzo de una nueva vida. Cada día debemos aprender a morir y a renacer.

7 El poder de la comunicación.

Cuando aprendemos a comunicarnos abiertamente y con sinceridad, la vida cambia. Amar a una persona es establecer un canal de comunicación directa con ella. Deja que las personas que amas sepan que las amas, que las aprecias. No tengas miedo de pronunciar las palabras mágicas: te amo. No dejes pasar la oportunidad de halagar a alguien. Despídete de la gente siempre con palabras cariñosas: puede que sea la última vez que veas a esa persona. Incluso, cuando haya cosas de quien amas que no te gusten, házselo saber, no reprimas nada, no hagas de un grano de arena una montaña, pero díselo con cariño y consideración, busca las palabras adecuadas que no hieran, sino que ayuden a rectificar los errores y a mejorar. Hazlo siempre con amor, pues el amor transforma, el odio destruye lo que amas y la culpabilidad te autodestruye. Si estuvieras a punto de morir y pudieras llamar a alguien, ¿a quién llamarías?, ¿qué le dirías? ¿A qué esperas para hacerlo?

8 El poder del compromiso.

Si deseas amor en abundancia, debes establecer el compromiso de lograrlo; un compromiso que se reflejará en tus acciones y en tus pensamientos. El compromiso es la verdadera prueba de que el amor está presente. No planees ni calcules, no evalúes, no busques resultados, no te pongas a salvo. Si quieres tener una relación con amor, debes comprometerte a crear la relación que quieres. Cuando estamos realmente comprometidos, abandonar nunca es la opción. El compromiso distingue una relación frágil de una sólida. Pero el compromiso no es firmar papeles, el verdadero compromiso es tener claro que el amor que no se alimenta cada día, se pierde cada día; igual que una flor que no riegas a diario se marchita y muere.

9 El poder de la pasión.

La pasión es la llama que enciende el amor y lo mantiene vivo. Una pasión duradera no procede exclusivamente de la atracción física, sino que se origina en un profundo conocimiento, en el compromiso decidido y valiente, en un entusiasmo inquebrantable, en el interés sincero y en la entrega incondicional, en la fascinación por la otra persona... La pasión se reaviva recreando experiencias en las que existe pasión. La espontaneidad y las sorpresas crean pasión. El amor y la felicidad comparten la misma esencia; todo lo que necesitamos hacer es vivir cada día con pasión. La pasión se vive cuando vivimos el instante. No te disperses, permanece aquí, sólo eso, y actúa plenamente.

10 El poder de la confianza.

La confianza es esencial para establecer una relación con amor. Si un miembro de la pareja está cegado por la sospecha, la ansiedad y el temor, el otro se sentirá atrapado y emocionalmente ahogado. No puedes amar totalmente a menos que confíes. Actúa como si el amor nunca fuera a terminar. Una manera de saber si esa persona es la adecuada para ti es preguntándote: ¿confío plenamente y sin reservas? Si la respuesta es negativa, medita con cuidado antes de comprometerte más, algo está fallando...



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