C.E.

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domingo, 5 de diciembre de 2010

VIVIR CON MENOS Y MEJOR.....DECRECIMIENTO ECONÓMICO

“Debemos vivir con sencillez,
para que otros sencillamente puedan vivir”
Gandhi

Este artículo trata sobre decrecimiento económico como única posibilidad de supervivencia en un mundo finito, y a la vez de crecimiento personal con unos valores opuestos a la acelerada, cegadora y vacía sociedad de consumo

Esta gran frase de Gandhi podría ser cierta a mediados del siglo XX, que es cuando la pronunció, pero ahora es falsa, o al menos incompleta, porque el modelo económico en que vivimos es insostenible incluso para nosotros.

Según algunos autores el 1,8% de la población mundial realizamos el 60% del consumo. Se necesitarían tres planetas para dar respuesta a esa voracidad y por tanto, cambiar nuestro modo de vida es imprescindible simplemente para sobrevivir, dejando la solidaridad a un lado.

Decrecer, reducir, parar, reflexionar antes de actuar, cuestionarnos si necesitamos un objeto o no, no hacer nada, … palabras malditas en un mundo en el que “el tiempo es oro” y en el que en la tecnología y los aspectos externos de la vida cambian tanto y tan rápido que, si no te adaptas, pareces un primitivo. Por ejemplo, mi marido es muy incomprendido y criticado por negarse a vivir pegado a un teléfono móvil que no necesita.

MATERIALISMO, VELOCIDAD y CONSUMO. Esta es la Santísima Trinidad de nuestra civilización.

Llevamos a nuestras espaldas 150 años de ritmo frenético desde la revolución industrial hasta la revolución tecnológica y la democratización de los bienes de consumo.

La prosperidad que nos han vendido reduce las enfermedades físicas (aunque las cronifica y crea otras) pero aumentan las mentales: depresiones, ansiedades, insatisfacciones vitales, incapacidad de resolver los reverses de la vida…. y la OMS anuncia (o amenaza) que la depresión será la 2ª enfermedad en el 2020 en el mundo más desarrollado. Los laboratorios farmacéuticos (con Prozac y cía) se frotan las manos con los beneficios de nuestra desorientación, ignorancia ante la vida y sufrimiento.

Vivimos en el reino de la cantidad obsesionados con lo material. Los occidentales estamos apegados a la satisfacción inmediata, gratuita, sin apenas esfuerzo y cada vez necesitamos más y más para saciar esa ansia externa que intenta tapar el vacio interno.

La gran mentira de la sociedad contemporánea es que el consumo proporciona felicidad, plenitud. Si no hay consumo, no hay vida. Eso nos venden los miles de anuncios que vemos y eso está ya grabado casi a nivel celular.

Gastamos el doble (o más) de lo que necesitamos para vivir a la mitad de nuestro potencial (siendo generosos).

Somos marionetas de un sistema al que le interesa:
• romper/atomizar las familias
• masculinizar a las mujeres
• feminizar a los hombres
• agresivizarnos e insensibilizarnos a todos
• desapegar y des-madrar a los niños (ausencia de crianza con vínculo)
• acabar con las actividades autosuficientes centradas en lo rural y la tradición
• no dejarnos ni un solo segundo sin estímulos
• estigmatizar al que se escapa del sistema y del ciclo de producción (si no trabajas con sus normas, no tienes talento y eres mal ejemplo)
• ofrecernos créditos fáciles
• humillar el esfuerzo, el ahorro y la contención o renuncia. Un anuncio dirigido hace poco para jóvenes trasmitía este mensaje: no ahorres para el coche, cómpratelo y disfrútalo ya y con el mismo crédito te vas de viaje
• negarnos, ocultarnos y ridiculizar la información sobre la verdadera naturaleza del ser humano: el poder de nuestros pensamientos, la espiritualidad innata, …
• etc

Con esa completa y eficaz estrategia no es muy difícil consumir y consumir hasta morir.

Nos prometieron que las máquinas trabajarían casi por nosotros y que la jornada laboral se acortaría a favor de mayor tiempo libre y la realización personal. Pero aquí estamos, trabajando 200 horas más al año que en 1970.

“La vida es aquello que pasa mientras estamos ocupados haciendo otras cosas”
John Lennon

Las personas no sólo no disponen de más tiempo, sino que tienen la sensación de que no llegan a nada y, sobre todo, de que no pueden disfrutar de lo que ya han conseguido porque continúan sin tener tiempo.

Todo va tan rápido que en EEUU existe la misa drive-through, una especie de funeral exprés que consiste en colocar el ataúd a la entrada de la iglesia para que la gente pase en sus coches y desde allí tire una flor, se despida del difunto y vuelva a sus quehaceres. Me parece un excelente ejemplo de a dónde hemos llegado, y de cómo se han prostituido todos los aspectos sagrados de la vida: desde el nacimiento hasta la muerte.

Si en este modelo loco y cruel de civilización sólo nos hundiésemos nosotros no sería grave: recogemos lo sembrado. Pero estamos arrastrando a todo el planeta.

Nosotros estamos al principio de la cola, somos parte de los 1000 millones de humanos con más renta per cápita del mundo. Detrás se encuentran los restantes humanos, hasta 5500 millones y después todos los miembros de hasta las 25 millones de especies que nos acompañan. Todos pagan las consecuencias de nuestro modo de vida.

Muchos antropólogos afirman que en las comunidades nativas no existe la palabra pobreza, nadie es privado ni de comida ni de dignidad humana.

Es nuestro modelo de desarrollo, despiadado con las personas y la Naturaleza, el que crea la verdadera miseria y se pregunta cínicamente “¿cómo puede haber tantos pobres y hambrientos en el planeta?. Hagamos transgénicos para ellos y ofrezcámosles dinero y deuda”.
¡Pues hasta aquí hemos llegado!

Sea porque estamos en crisis personales, sea por un aumento de nuestra conciencia y sabiduría, o sea porque no hay más remedio, el hecho es que o decrecemos o vamos al abismo.

“Decrecimiento” no significa retroceder sino frenar, detener el crecimiento imparable. Esto a quien más perjudica es a las multinacionales, a nosotros sólo puede beneficiarnos.

Existen alternativas y muchos movimientos a favor de un estilo de vida más amable con el planeta y con nosotros mismos: economía solidaria, consumo responsable, comercio justo, trueque, alimentos naturales, agricultura sin transgénicos y ecológica, saborear los momentos, vida sencilla por fuera pero rica por dentro, etc.

¿Tienes tiempo y ganas de descubrirlos?

CHISTE:
Le dice un español a un cubano:
“Chico, en la isla hacéis como si trabajáis y ellos hacen como que os pagan”

y él le contesta:
“Pues aquí ustedes se pasan la vida trabajando en lo que no les gusta para comprar lo que no necesitan”

ADVERTENCIA: Este artículo está escrito desde la OPULENCIA, un ordenador portátil, un cómodo piso y un frigorífico bastante lleno. España es actualmente el 8º país en el ranking económico. Hablaremos sobre muchas ideas para simplificar la vida y reducir el consumo, pero somos conscientes de que sólo podemos reducir los ciudadanitos que vivimos en el exceso.

A todos los lectores que nos leáis desde países con escasez, PERDÓN, perdón y perdón. Vereis sugerencias que ya forman parte de vuestra vida por convencimiento o porque no tenéis otra opción. Al menos tomarlo con sentido del humor y como advertencia de qué modelo NO hay que seguir.

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