jueves, 11 de marzo de 2010

LA NUEVA ADOLESCENCIA

"Tan próximos como herméticos, los adolescentes y jóvenes 2010 soportan el rigor que la sociedad imprime sobre los mayores, pero no comparten su nostalgia por un mundo perdido que no conocieron".

A ellos les importan otras cosas, acarician sus propios sueños.

Pero ¿qué es la juventud?, ¿cuándo empieza y cuándo acaba? Aunque las Naciones Unidas consideran jóvenes a las personas de entre 15 y 24 años, las últimas investigaciones se inclinan a estirar ese segmento (...) hacia los 30 ó 31 años (...) porque las actuales condiciones económicas, sociales y educativas retrasan su incorporación al mercado laboral y su alejamiento del hogar paterno y prolongan actitudes adolescentes".

La etapa de la juventud, años atrás definida y claramente diferenciada de la adolescencia, pareciera mezclarse y confundirse con esta, no ya en su desarrollo físico, sino en sus modelos, expectativas y estilos de vida. En ambos casos, los grupos representan una referencia importante en la construcción de su identidad.

Una característica invariable es la necesidad de sus integrantes de estar juntos, reunirse sin tareas ni objetivos planificados, más que el deseo de compartir esta nueva forma de grupalidad que ha sido definida mediante la metáfora de las tribus urbanas.

Con la expresión tribus urbanas juveniles se hace referencia a las agrupaciones de jóvenes que visten de manera similar y llamativa, que poseen hábitos comunes y hasta lugares fijos de reunión.

En estos grupos se encuentran modos de sentir y pensar parecidos; por otra parte, las relaciones personales presentan un carácter predominantemente afectivo-emotivo y ofrecen a sus integrantes seguridad frente al mundo adulto. La definición de territorios, de lugares propios (como ciertas esquinas, portales de edificios, plazas, estaciones de servicio), permite a los jóvenes realizar una suerte de control del mundo, que interpretan según sus propios códigos.

El licenciado en Psicología Sergio Balardini expresa que "los jóvenes de hoy con frecuencia tienen padres y madres más permisivos que los de generaciones anteriores y aprendieron a negociar con ellos salidas, horarios, música, estudio, programación televisiva.


Sin embargo tienen reclamos en su relación con los adultos: demandan ser escuchados y valorados por quienes, en su opinión, no los toman en serio y, en consecuencia, muchas veces no los respetan. Piensan que se los descalifica por el hecho mismo de ser jóvenes.

Como dificultad extra, los adolescentes se miden a veces frente a adultos "adolescentizados", que recurren a figuras e imágenes que los aproximan a la indiferenciación. Los jóvenes reclaman que los adultos sean precisamente eso: adultos y a menudo tienen que lidiar con mayores que les disputan empleos, novios/as, canciones, identidades rockeras, modas...".

Por otro lado, la incertidumbre se instala cada día con mayor fuerza al pensar en una salida laboral, un proyecto de estudio que les garantice trabajo en un mañana. Si bien la crisis golpeó a todos los sectores de la sociedad, es en los jóvenes donde muestra sus facetas más preocupantes.


Las cifras de pobreza y desempleo juvenil son significativamente superiores a la media nacional: teniendo en cuenta que los jóvenes constituyen la renovación del capital social, esta situación se torna más dramática.

Aun reconociendo estas dificultades y frente al clima general de escepticismo y resignación, reconstruir la calidad humana del vínculo entre adolescentes y adultos por un lado y de su inserción en la sociedad por otro, puede ser la llave que abra nuevas puertas, nuevos caminos.

Los jóvenes de hoy están moldeados por los avances de la tecnología, en una época de comunicaciones, de videoclips, de globalización, de falta de modelos, de fragmentarismo. Gozan de una libertad tantas veces proclamada; del conocimiento de sus derechos, y de la falta de algunos prejuicios y tabúes que condicionaron otras épocas.


Pero necesitan que los adultos les enseñen a hacer uso de esa libertad para que sea responsable, necesitan del diálogo con sus padres para que estos puedan conducirlos y conocer sus inquietudes y expectativas de vida.

Requieren contención, acompañamiento en el conocimiento de su personalidad que se va formando con sus experiencias y actitudes cotidianas. Conocedores de esta nueva adolescencia que se diferencia en muchos aspectos a la de los padres y, en otros, se asemeja, los adultos deben preocuparse de su tarea irreemplazable de educadores como formadores de una personalidad espiritual que modele lo que cada hijo, como un espíritu único, tiene en su acervo espiritual.

Conocer las características de esta etapa trascendente en la vida del hijo y de la familia toda, es importante porque permite acercamiento, analizar juntos decisiones de vida trascendentes como pueden ser la elección de una carrera o una futura salida laboral.

Con respecto a esto, muchos jóvenes toman decisiones que determinarán su futuro y esta etapa de transición de la escuela al trabajo o hacia la continuación de otros estudios, ha sido siempre un momento crítico en la construcción de un plan de vida posible.

Los jóvenes se encuentran en una situación en la que necesitan llegar a la elección, tomar una determinación y esto, a veces, produce un conflicto que se refleja en el tensionamiento entre lo que "me gusta y lo que me conviene".

Para un adolescente, definir el futuro no es sólo definir qué hacer, sino fundamentalmente quién ser y al mismo tiempo definir quién o qué no ser. Se trata de que cada joven encuentre sus propias respuestas en la confluencia de lo que gusta, lo que se puede económicamente y conviene.

En este momento tan importante en la vida de un adolescente, una vez más se necesita la presencia de los padres como guías, orientadores, capaces de entablar acuerdos, conforme las posibilidades y requerimientos de cada grupo familiar.


Es importante valorar a los adolescentes en sus decisiones, pero también enseñarles a valorar y a agradecer todo lo que han recibido, y el esfuerzo constante de los padres por brindar todo lo que pueden.

Es tiempo de enseñar a compartir responsabilidades y a asumir compromisos de vida con honestidad y trabajo.

Es tiempo de educar para esta nueva adolescencia... "Y para que sea feliz. Que no es cosa del verbo tener sino del ser.


Y el ser no busca cosas valiosas sino valores, la de una causa justa, la de alguna solidaridad, la que se gana sin ganarle a nadie, sino al contrario, abrazando a alguien".



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