C.E.

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miércoles, 6 de enero de 2010

ESPIRITUALIDAD O EVOLUCIÓN "LOS HIJOS DEL SOL"


ESPIRITUALIDAD O EVOLUCION


Existen religiones, centros culturales, grupos de personas con filosofías ocultas o iniciáticas, pero sobre todos ellos, en un plano imponderable, más allá del mundo de los sueños, existe un templo, cuyas paredes no son de piedra, sino de prana puro. Es el lugar sagrado donde se reúnen desde hace miles de años, “Los hijos del Sol”.

Basta con desdoblarse, dejando el cuerpo físico en estado cataléptico, para desplazar el cuerpo astral, hacia los rincones del “no tiempo” y penetrar en el Templo del Sol. Este templo está asistido por seres de altísima evolución provenientes de los rincones más alejados de la Galaxia.

Maestros ascendidos, que habiendo terminado su ciclo de reencarnaciones físicas en la Tierra, habrían aceptado servir como profesores en dicho templo, reciben a los iniciados que han podido romper las cadenas de los apegos materiales. Seres asombrosos, con miles de millones de años de evolución, acuden a dicho templo a las reuniones qué, siguiendo el ciclo astral planetario, se convocan para perpetuar el conocimiento sagrado, e impulsar la actividad de la Fraternidad de los Hijos del Sol.

Tal y como decía Einstein, existen pasillos o agujeros entre los universos o diversos planos existenciales. En la misma medida, desde el plano de la conciencia, existen centros de conocimiento atemporales, donde los diversos estratos de sabiduría se conectan. Cada iniciado, puede y debe escalar dichos planos, almacenando en su espíritu, las experiencias de las diversas reencarnaciones y los periodos post-morten, que siguen a las mismas.

Todos los seres humanos han tenido sueños o percepciones de estos templos. Es común describir templos con columnas donde se ha accedido en tal o cual sueño. Templos llenos de luz, con seres vestidos con túnicas. Lugares donde cientos o miles de personas se reúnen, pero con atuendos, caras y fisiognomías extrañas y atípicas para la percepción humana. Aulas en forma de media luna, donde se celebran acontecimientos, asambleas y acuerdos.

Es también común escuchar percepciones o sueños, donde tal o cual persona, ha sido llevado a una ceremonia, donde le han besado en la boca o le han señalado en la frente, incluso le han puesto un medallón. Otras narraciones hablan de experiencias oníricas muy profundas, incluso traumáticas, en las que les ha sido introducido un extraño objeto o piedra preciosa en el entrecejo o en el pecho.

En la medida que nuestro cuerpo y existencia material tiene su lógica, y su biología vivencial; el espíritu, vive en el cuerpo realizando experiencias que le den el conocimiento. Pero nos volveríamos locos, si fuéramos capaces de recordar todos y cada uno de los sueños y experiencias oníricas que se dan en la negrura de la noche. En un determinado momento este viaje al otro lado, se puede hacer consciente.

Algunos viajeros de principios del siglo pasado, como Roerich, se quedaron perplejos cuando lamas del Tíbet describían tal o cual calle de New York o los palacios de San Petersburgo, sin haber salido jamás de las altas cumbres de los Himalayas. Pero el asombro era mayor, cuando estos seres, con una disciplina profunda en el desdoblamiento del cuerpo, hablaban de otros planos de existencia, de planetas habitados, de seres que viajaban en extraños vehículos espaciales por todo el Universo. De templos de conocimiento, donde se recibía la luz del espíritu, que al ser humano le hace consciente de la sabiduría divina.

Yo también acudí a dicho templo. La experiencia, fue corta en su vivencia, pero en el regreso a la vigilia consciente, se dispararon en mi cerebro miles de imágenes, razonamientos, reflexiones, que ahora mismo tengo dudas de poder verter, tal y como las concibió mi espíritu. Y es que el conocimiento que se recibe en la cuarta dimensión, resulta imposible o extremadamente difícil, verterlo en el plano humano. Pero no solo resulta difícil, sino peligroso, incluso arrogante o en cierta medida subversiva. Es por esto que he tenido dudas en contar estas vivencias, pues pertenecen, más a mi plano subjetivo, que al conocimiento común. En cualquier caso, no dormiría tranquilo sin contarlo, pues quizás a unos pocos le valga, no tanto para que acepten cuanto cuento, sino como acicate para cuestionarse su vida, su conocimiento y sus principios éticos y espirituales. De antemano, debo pedir perdón, para quienes se sientan heridos en su fe.

Era de noche. Estaba durmiendo plácidamente. En un momento vi como mi cuerpo se desdoblaba. Fui llevado a una sala, donde había baldosas blancas y negras en forma de rombo. Aquella sala era un lugar de iniciación. A mi derecha estaba mi madre y frente a mí, estaba mi maestro. Luego, con la desaprobación de la madre, mi maestro me besó en la boca. Su beso sabía dulce, aunque en mis entrañas sentí el amargor de algo que removía mis órganos. –Este eres tú- Me dijo, y al instante, vi que era viejo, con barba y pelo blanco, pero además de ser viejo, era sabio, inmensamente sabio.

Fue este anciano, que al parecer era yo o habita en mi, quien acudió al templo antes citado. Allí fui recibido por tres seres casi idénticos, que con trajes luminosos me miraban con una ternura infinita. Me entró una gran congoja al ver que yo era insignificante ante aquellas entidades.

He dicho al principio que esta experiencia es corta. Realmente fue así, puesto que una voz, que salía de los tres a la vez, y que yo escuchaba sobre todo en mi cabeza, me dijo: “No nos gusta el ser espiritual, sino el ser evolutivo” Y aunque parezca mentira, aquí termina la experiencia onírica. Lo más terrible, fue volver a la vigilia de la mañana siguiente, puesto que al despertar, todo lo que estaba a mi alrededor, comenzó a manifestarse de otra manera, Cada cosa me hablaba y me hacía sentir incómodo, puesto que comprobaba la forma de vivir y de pensar del ser humano y me sentí avergonzado. Todo adquirió una dimensión renovada, que chocaba contra mis principios morales, que yo pensaba que eran sólidos y bien estructurados. Simplemente, no hemos entendido nada, pero lo más grave, es que morimos y nos matamos en nombre de nuestros errores y concepciones morales, espirituales y religiosas.

Voy a intentar poner palabras a las sensaciones que viví después de aquella insignificante experiencia.

Imaginad un carpintero de hace dos mil años. En su taller tenía madera, incluso varias variedades de madera, clavos, herramientas y por supuesto el ingenio necesario para hacer sillas curvas, planas, grandes, pequeñas, artísticas, etc. Etc. incluso lograba hacer verdaderas obras maestras, ingeniosas y avanzadas a su tiempo. Pero siempre terminaban por ser sillas de madera, con incrustaciones de metal, de nácar o de oro.

Imaginad ahora un carpintero, con las mismas habilidades, pero dos mil años más tarde; es decir, un carpintero de nuestro tiempo. Este artesano con la misma pericia que el antiguo, podía, no obstante, hacer la silla de plástico, de aluminio, de metacrilato. Combinando cientos de miles de variantes, en la medida que no solo tenía clavos y madera, sino todos los elementos que la ciencia y la investigación, ha conseguido descubrir en estos dos mil años que separan a ambos.

El primer carpintero es un “artista espiritual” el segundo es un artista igualmente, pero más evolucionado. La diferencia por tanto está en la experiencia acumulada en el segundo, que es superior al primero. No es mejor el uno que el otro, ni bueno ni malo, sino simplemente más evolutivo, más viejo y por tanto con más recursos.

Este pequeño ejemplo me da pié a juzgar comportamientos entre lo espiritual y lo evolutivo, que sigue el mismo patrón; es decir, tiempo, evolución y experiencia. Voy por tanto a desvelar teorías que pueden parecer heréticas, en la medida que parecen agredir a la doctrina, cuando simplemente son reflexiones basadas en el conocimiento de seres que han caminado hace miles o millones de años por nuestro tiempo. Lecciones, que son impartidas en el templo de “Los hijos del Sol”

Tomemos el ejemplo de un ser altamente espiritual. Se me ocurre un místico ejemplar o un santo incuestionable de nuestra Historia. Por ejemplo: San Francisco de Asís.

Este ser calificado de místico o espiritual, renunció al mundo, a la riqueza, a la cultura popular de su época, al amor de su enamorada. Se despojó de todo, caminaba desnudo. Abrazaba a las fieras. Sublimó la pobreza y la renuncia de la vida, para someterse al auto-martirio, al retiro y a la miseria. Murió de tuberculosis joven, pues los excesos que realizó en nombre de Cristo pudieron con su vida. Este ser por celo a dicho amor, viajó a oriente a intentar convencer a monarcas y clérigos del error de sus respectivas doctrinas, invitándoles a abrazar la religión cristina. San Francisco de Asís, reprodujo los estigmas de Cristo y finalmente creó una orden de clérigos que siguieron su ejemplo, con el voto de pobreza, de castidad y de renuncia. Este santo es uno de los más venerados de la cultura Católica, Este ser es esencialmente la expresión de un ser espiritual.

Pero siendo espiritual, San Francisco de Asís, no responde al patrón de un ser evolutivo; más bien por el contrario. Resulta ser contrario al plano de lo correcto, de lo equilibrado y de lo que los seres superiores entienden como evolutivo.

Desde el punto de vista evolutivo, sacrificar, martirizar, o atentar contra el cuerpo físico es un gravísimo delito. Pues el cuerpo es la mejor herramienta que tiene el espíritu para experimentar. Comer lo correcto, hacer ejercicio físico, realizar tareas psicosomáticas para que nuestro cuerpo este sano, es un deber, además de un derecho sagrado.

Pero desde el punto de vista espiritual darse latigazos, pasar privaciones de hambre o poner cilicios punzantes para mortificar la carne es bueno. Sobre todo si se hace en nombre de Cristo. Tengo la absoluta seguridad que Cristo, no autorizaría de ninguna manea realizar en su nombre todas estas vejaciones. San Francisco de Asís, no podía sino seguir el modelo de su dios. Si el murió en la Cruz por todos nosotros, pues yo debo imitarle muriendo en una o mil formas diversas. Estos comportamientos responden a un proceso espiritual basado en una forma de cultura, a un modelo ejemplarizado de Cristo, pero no solo no es evolutivo, sino que es contrario a toda forma de progreso armónico.

Debo razonar esto desde un punto de vista psico-social para que veáis la diferencia entre lo espiritual y lo evolutivo.

En una sociedad superior; es decir de carpinteros que han avanzado varios miles de años que nosotros, es inconcebible que un solo miembro de su comunidad, planeta o sociedad se muera de hambre. Si esto ocurre, se para todo, se cuestiona todo, se retoma todo proceso ético, puesto que para ellos cuando un hombre muere de hambre, muere Dios, en igual medida. Pues Dios, es todo, está en todo y se realiza colectivamente con todo.

En la sociedad terrestre, y sobre todo en las sociedades antiguas, al darse terribles desigualdades sociales, debían de buscar un sistema psico-social, incluso religioso, que les permitiera vivir, sin cuestionarse o parar la evolución colectiva. Así pues si un pobre se muere de hambre en la India; no es sino el resultado de su Karma; es decir, de su pecado de la vida anterior. Y si se muere de hambre en occidente, al ser la pobreza algo que realiza espiritualmente, incluso buscado por el propio San Francisco de Asís, pues resulta aceptable, incluso virtuoso. Siempre está el plano comparativo por el cual, si tal o cual desgraciado sufre, muere o pasa privaciones; más sufrió, más padeció y más renunció, el arquetipo cultural llamado Dios, que es Jesucristo. Por tanto tuvieron la necesidad de trasladar una religión basada en el dolor, en la sangre y en la muerte, puesto que de esta manear, la sangre, dolor y muerte social, parecía responder a algo previsible, deseable incluso necesario. Es por esto que la pobreza, puede ser incluso el mejor camino para alcanzar la virtud. Pero en una sociedad evolutiva, la pobreza engendra miseria, desigualdad y resentimiento, retrasando el progreso y la evolución colectiva. En una sociedad positiva se para la vida si desde su estrato social, emerge algún acto de dolor, de pobreza o de muerte.

Siguiendo ese modelo “espiritual” la renuncia al sexo; es decir, la práctica del celibato, acerca a Dios. Por supuesto acerca a un Dios de renuncia, un poco masoquista. Así pues San Francisco de Asís, entendía que si rechazaba a su amada, podía conseguir acercarse más y mejor, al Dios que le habían trasmitido sus padres, sus sacerdotes o las escrituras.

Pero desde el punto de vista “evolutivo” renunciar al sexo no solo no es espiritual, sino contrario al proceso de crecimiento de la especie. Todo ser de una sociedad superior, debe cuidar su cuerpo, su alma, su espíritu, para realizar en el momento preciso, el acto más sagrado de la evolución; es decir, trasladar la vida, la cultura, la inteligencia y el aprendizaje experimentado en un niño, que seguirá en la misma media y modo, haciendo progresar la raza en el vasto Universo que nos contempla. En la sociedad evolutiva la práctica del sexo, sigue un patrón perfecto, no degenerado, puesto al servicio de la perpetuación ascendente de su especie. Pues si en un campo no se da la polarización, no se mezcla especie con especie, muere la vida y todo se queda yermo.

Desde el punto de vista psico-social, el poderoso, con recursos adecuados, podía y debía tomar como esposas a una o varias de ellas. Así pues, que Mahoma tuviera una treintena de esposas, es para sus seguidores un acto de compasión y de amor a esas pobres mujeres desvalidas. Mientras que en occidente, si eres pobre y no puedes mantener esposa, pues deberás frustrar tu deseo, haciendo que tú renuncia sea santa y te eleve a dios. Así pues el poderoso, con muchas esposas, complace a Dios por ser generoso y caritativo antes las indefensas mujeres y el pobre, renunciando a la esposa, se hace santo por la práctica del celibato sagrado. De esta manera la locura social, sigue adelante, complaciendo a Dioses y hombres.

En un modelo evolutivo esto es aberrante. Simplemente porque la mujer en estos modelos sociales no deja de ser un pseudo-animal, sin dignidad al servicio del hombre. En las sociedades superiores, el hombre y mujer, desde el plano de la absoluta igualdad y dignidad, resuelven reflexivamente seguir el consejo de su corazón y de los sabios para tener un hijo perfecto, en forma perfecta y por supuesto inmensamente feliz.

En una sociedad evolutiva, no es concebible tener un hijo, si el padre o la madre tienen taras físicas o psicológicas, si no se dan las condiciones sanitarias adecuadas o si existen limitaciones alimentarias o de recursos materiales. Esto es un acto tan sagrado, que compromete no solo a los padres, sino a todas las fuerzas sociales.

En nuestro planeta, se dan procesos religiosos tan esperpénticos, que incluso la práctica del sexo, que es algo biológico y consustancial a la raza, debía ser manipulado y utilizado como arma de poder por las castas dominantes. Así pues se crea el modelo de “pecado” por el cual, el sexo, ya no pertenece tanto al hombre sino a Dios y por supuesto a sus representantes en la Tierra. Como la práctica del sexo es imposible pararla, pues se debe practicarlo pero siempre para concebir hijos. De esta manera es algo aceptable y querido por la doctrina. Cuando el verdadero pecado, no es la práctica del sexo, que es una función hormonal consustancial al ser humano, sino el concebir hijos de padres tarados, mermados poco preparados, sin recursos, sin medios y en condiciones indeseables para la dignidad del espíritu del niño.

Imaginen Vds. Que al Estado o a tal o cual casta dominante, se les ocurra poner un impuesto, cada vez que practicamos el sexo. Bastaría con poner un simple neurotransmisor electrónico en los órganos sexuales para controlarlo. Sería un impuesto más. Bueno; de la misma manera, otra casta sacerdotal, a lo largo de la historia, ha puesto un elemento de control mucho más poderoso y más eficaz, que un electrodo. Me refiero al mecanismo de “pecado”. Si cada vez que practico el sexo, cometo pecado y me voy al infierno, mi vida puede ser tan atormentada que puedo llegar a somatizar patologías gravísimas, frustrando mi vida y la de los demás.

En una sociedad evolutiva el sexo no es un problema, pues el ser equilibrado sabe cuando, como y de qué manera puede y debe ejercitar las funciones fisiológicas que competen a su salud física y psicosomática. En una sociedad evolutiva no se amenaza a nadie con el infierno. Resulta ser un recurso de terror impropio de un ser evolucionado. Para las sociedades más experimentadas el infierno es la ignorancia y el alejamiento de la luz del conocimiento. En nuestras sociedades maniqueístas el cielo e infierno son atributos creados en forma ficticia para premiar a los que se someten y castigar a los que no aceptan un orden humano equivocado.

San Francisco de Asís, se aleja de la sociedad y de su cultura de su tiempo y se recluye en unas ruinas, haciendo un terrible esfuerzo, con frio, dolor, privaciones para asemejarse a su modelo cultura, doliente y sangrante de Cristo. Esto es heroico y altamente espiritual de acuerdo a nuestro patrón cultural.

Pero desde el punto de vista evolutivo esto es una aberración, que no solo no te acerca a Dios, sino al mal. El ser evolutivo de una sociedad más perfecta, no solo practica la virtud con equilibrio, sino que se rodea del vestido perfecto, de los hábitos, y alimentos perfectos. Tiene lo necesario, nunca lo superfluo y se cultiva proporcionalmente en la ciencia, en el arte, en la meditación, en la materia y en cualquier forma del poliédrico conocimiento de la ciencia y del espíritu. El ser evolutivo no solo no busca la soledad marginal, sino que práctica en forma equilibrada la cooperación de los demás y los periodos de auto-reflexión personal. En las sociedades evolutivas se sabe que todos los seres, no son sino un solo ser pensante, interconexionado y dependiente. No tiene por tanto sentido vivir aislado o intentar separarse el proceso sociológico de todo.

San Francisco de Asís, imbuido del auto-convencimiento de que su opción religiosa es la correcta intenta convencer a otro hombre, que en igual medida estaba convencido que su dios era mejor, más perfecto y por tanto con la capacidad de compadecerse del infiel, que en igual medida trataba de convencerle de lo contrario. El proselitismo, llamado la evangelización es un modelo espiritual deseable y practicado por todas las iglesias de la Tierra.

En el modelo evolutivo, ninguna sociedad más avanzada, impone en forma activa o pasiva sus ideas, su cultura o su ética a otra sociedad menos evolutiva. Las civilizaciones superiores saben que la sabiduría se conquista por el auto-convencimiento y el autodescubrimiento. Los seres elevados están siempre en la senda del progreso, y esperan pacientes a que otros más atrasados avancen en el camino por si mismos hasta reencontrarse en un plano participativo de igualdad.

El afán de las sociedades espirituales por imponer su criterio de salvación a otros, ha generado a lo largo de la historia guerras santas, cruzadas y lo que es peor inquisiciones asesinas con aberrantes crímenes, practicados en nombre de Dios.

En las sociedades evolutivas nada ni nadie puede justificar la muerte de ningún semejante y menos en nombre de Dios. En una sociedad consciente, es imposible seguir manteniendo una estructura como la Iglesia, después de haber practicado crímenes crueles de quemados en la hoguera, asesinados, torturados y ajusticiados en nombre de Dios. La simple vergüenza personal y la reflexión de que Dios nada tiene que ver con estas abominaciones, haría replantearse la existencia misma del ser humano y de sus principios morales y por supuesto no manchar la imagen de Dios, manteniendo la misma estructura asesina.

En las sociedades espirituales y en las diversas religiones, se personifica a Dios en hijos predilectos, profetas salvadores, mesías redentores, etc.etc. El ser humano adora a seres antropomórficos, hijos únicos de Dios o personificaciones de la deidad. El problema es que si Dios es negro, los blancos se sienten marginados, y si nace en África, los Asiáticos se preguntan porque no en su territorio. Cada tribu posee su propia deidad.

En el modelo evolutivo personificar a Dios en un ser humano, es impensable, pues sería una forma gravísima de disminuir la Deidad. Todos siguen, persiguen y conciben un principio creador inalcanzable, infinito, absoluto y perfecto. En las sociedades evolutivas, Dios es y habita en cada hálito de vida en cada microbio en cada partícula de la naturaleza. Es por ello que todo es digno de respeto y de amor, que nada puede ser destruido. Todo vive en un devenir perfecto.

En las sociedades espirituales, se sale de adorar a un madero en una iglesia y se quema un bosque impunemente o se bendice un submarino atómico en nombre de Dios o se reza hoy y mañana se fabrica una bomba capaz de matar a millones de seres humanos. En las sociedades espirituales es bueno inmolarse en nombre de Dios, puesto que al otro lado de la muerte el mártir es recompensado con cientos de doncellas, comidas, paraísos y tratos de favor.

En el modelo evolutivo matar una simple lombriz es un acto grave, pues la lombriz de hoy, mañana será serpiente, pasado mañana se pondrá de pié y dentro de millones de años será un ser antropomórfico repleto de experiencias, capaz de albergar un espíritu.

En las sociedades espirituales se suplica a los muertos y se les adora en los cuadros, iglesias e iconografías de los mismos. En las sociedades evolutivas, hasta los niños saben que la muerte no existe, pues el espíritu no puede morir de ninguna manera. En las sociedades experimentadas se sabe que solo “los muertos se ocupan de los muertos”.

En la Tierra se levantan estatuas a héroes, que en nombre de la patria mataron a miles de enemigos. En las sociedades evolutivas, cualquier ser que mate a miles de personas, por el motivo que sea, no es digno de respeto ni de reconocimiento. Nadie pude concebir que un ser humano mate a otro por una bandera, una frontera o una constitución. La vida en estas sociedades es divina y merece el cuidado y el respeto absoluto. En el modelo espiritual morir o matar en nombre de principios, dioses o preceptos complace a Dios.

San Francisco de Asís es un digno modelo espiritual, reverenciado y admirado por millones de seres, que conciben a Dios de esta manera. Estos seres son absolutamente respetables. Son el carpintero que hace maravillas con madera y clavos. Pero que no han dado el paso evolutivo, que ya los niños recién nacidos intuyen y comienzan a construir. Serán estos niños, los que derriben las iglesias, quemen los recuerdos de dolor y de enfrentamiento religioso, para sustituirlos por una ética humanística, que practique la virtud por encima de cualquier fanatismo.

El ser evolutivo del futuro; es decir el carpintero que además de clavos y madera tiene dos mil años más de evolución concibe a un ser evolutivo que:

- Ama y cuida su cuerpo, pues sabe que es el templo del espíritu. Cuida su comida, hace deporte, no come productos insanos, ni alcohol, ni tabaco, ni come carnes, pues para comer carne, antes hay que matarlo. Y el propio amor y consideración de su propio cuerpo, le hace respetar en igual medida el cuerpo de su vecino o de cualquier ser vivo.

- Genera mediante el trabajo y la autodisciplina la riqueza necesaria para tener lo necesario y nunca lo superfluo. Y en igual medida trabaja para que sus semejantes tengan la misma dignidad económica o existencial. Un ser evolutivo jamás podría almacenar riqueza. Su fortuna debe ser la de las virtudes y nunca los elementos materiales. Nunca veréis a un ángel (extraterrestre) con un pantalón remendado o con una astronave remachada con hojalata. Todos los seres evolutivos tienen precisamente los medios para que su vida y la de sus semejantes sea conforme a la ética Universal.

- Estudia, lee, se cultiva, investiga y aprende en todas las ramas del saber. En las sociedades evolutivas el sabio trabaja equilibradamente en la ciencia, en el humanismo, en la ética, en las ciencias naturales, en la ingeniería, etc. etc. Dedicar todo el tiempo al estudio de las escrituras sagradas se considera una pérdida de tiempo, y estudiar solo una rama del saber, una obsesión. En las sociedades superiores se cultiva proporcionalmente el cuerpo, el alma y el espíritu.

- Crea, construye y edifica su familia, su hogar, su casa. Ama, cuida y reverencia a sus antepasados y educa e instruye a sus hijos en la sabiduría de los sabios que le han precedido. En las sociedades evolutivas la casa propia tiene la misma consideración, cuidado y respeto que el propio planeta, y que la casa y morada de sus semejantes. Un ser evolutivo no corta un árbol, pues todos están contados y son válidos, no mata a un animal pues todos son una familia. No poluciona, ni produce ruidos, ni realiza pintadas, ni atenta contra la vida.

- No se queda atado a los dogmas, del pasado. Aprende de los sabios, pero no adora a nadie. En las moradas de los seres superiores no se ven fotos de santos, ni seres humanos, sino flores, plantas y pinturas creativas y artísticas. En las sociedades evolutivas todo ser debe crear y mejorar el pasado. Todos son pintores, poetas, artistas, pero además científicos, filósofos, etc. etc.… En las sociedades evolutivas, se ama igual a tu propio hijo, que a los hijos de tus semejantes. Es inconcebible que un solo ser muera de hambre.

- Nadie esta ocioso. Todos trabajan, todos cuidan de todos. Todos contribuyen al bien común, por encima de sus propios intereses personales. En las sociedades evolutivas la salud personal y pública es uno de los ideales perseguidos y valorados por encima de cualquier otro bien material.

- El ser evolutivo considera al hombre y mujer como idénticos en respeto, dignidad y personalidad. El matrimonio es una elección libre y dura tanto tiempo como el amor que se profesan. Tener un hijo es el resultado de dicho amor, y de un acto consciente, sagrado y respetuoso no solo para cada uno de los cónyuges, sino para el espíritu que desean reencarnar.

- La muerte no es el final de todo, sino el comienzo de la verdadera vida. Nadie puede morir eternamente, ni deseándolo con todas sus fuerzas. En las sociedades evolucionadas la muerte es parte de la vida. No se pueden ver cultos a los muertos, ni fotos ni estatuas que les representen. La reencarnación es una de las verdades cósmicas aceptada por cualquier sociedad auto-realizada y consciente.

- No existen sacerdotes, ni representantes de Dios. Un sacerdote y un científico son seres evolutivos, no existe el concepto espiritual como tal, ni unos son superiores a otros. Todos son necesarios, pero un oficio, una vocación, una profesión no es mejor que otra. Todos los seres evolutivos buscan la práctica de la virtud y se realizan en la ética colectiva. El Humanismo y el amor son las metas a alcanzar.

- El ser evolutivo se realiza mediante su vocación profesional. Todos los seres tienen derecho a realizarse profesionalmente en sus inclinaciones y habilidades. Pero nadie puede sustraerse a formar parte del colectivo social. En las sociedades perfectas, se conjuga con equilibrio entre la vocación personal y colectiva.

- Mi individualidad es sagrada, pero no menos importante que el conjunto. El último niño nacido en las sociedades evolutivas es el ser más perfecto, el mejor de los sabios, puesto que el último de los nacidos reúne la información de todos los antepasados.

- El templo en las sociedades evolucionadas está formado por paredes de quietud, de meditación, de introspección. No existen dogmas, ni religiones ni control del alma y del espíritu de cada individuo. No hay infiernos ni cielos, ni pecados. Solo consciencia o inconsciencia. Sabiduría o ignorancia.

Es inconcebible para una sociedad superior estigmatizar las heridas de guerra del profeta de Dios o las llagas de Cristo. Una religión que eleva el dolor, la sangre y la muerte a valores espirituales, es la negación del más mínimo proceso evolutivo.

Ninguna sociedad del Cosmos puede vivir adorando a su dios correspondiente, mientras se fabrican bombas atómicas, capaces de destruir el planea a nivel de polvo, cuarenta veces seguidas. Pero lo que es aún más grave, ninguna sociedad evolucionada puede mandar capellanes a los ejércitos para bendecir a los que matan y a los que mueren en nombre de los valores espirituales, éticos o patrióticos, que nuestras sociedades citan.

Después de aquella experiencia, a la semana siguiente, tuve un sueño, aún más perturbador, pues estando profundamente dormido, vi como mi cuerpo volvía a separarse y viajaba otra vez al templo. Dentro del mismo, vi llorando a Jesucristo, a Mahoma, a Buda, a Rama y a otros tantos seres que al parecer habían inspirado las religiones del mundo suplicándome que hiciera lo posible para que se destruyeran todos los templos, para que los seres humanos les dejaran en paz y no les invocaran, para que se dejara; de una vez por todas de invocar a Dios en su nombre.

Aquella experiencia me hizo comprender la diferencia entre el ser espiritual y el ser evolutivo.

La era de Piscis ha terminado, pero los estertores de sus prácticas y hábitos todavía persisten en los viejos hábitos. En las religiones y dogmas, en los dioses, profetas e iluminados de cada opción espiritual. Aunque ahora suene a herejía, dentro de doscientos o trescientos años, Mahoma, Jesucristo, Buda o cualquier otro ser divino, formará parte de los hitos históricos. Serán anécdotas culturales. Nada más.

Los iniciados que reencarnan en nuestros hijos y nietos, tienen la misión de destruir los templos, derribar a los dioses. Pues ellos saben, que “O enterramos a los dioses o los dioses nos entierran a todos” en guerras santas, herejías, dogmas, cismas, apostasías e infiernos.

Todo es cuestión de tiempo. Tan solo hay que esperar a que los carpinteros del mañana tengan además de clavos y madera, nuevos materiales, nuevas herramientas y nuevas experiencias.

Finalmente el ser humano aprenderá a ver a Dios en la planta, en el búfalo, en el niño o en los amaneceres de este bello planeta. Finalmente el ser humano descubrirá que su cuerpo no termina en el límite de su piel, sino en la del lagarto o en el del arco iris que iluminará el mañana.

Finalmente el ser humano dejara de ser espiritual para ser evolucionado.

******** L.M.********

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